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07/06/2017

Moda

Jessica Kessel: zapatos retro

Por Flor Rodríguez Petersen | Con sólo 30 años reconoce que si bien no tiene muchas certezas en la vida, hay algo de lo que sí está convencida y es su amor por el calzado: cuando era chica, coleccionaba pares en miniatura y hoy diseña modelos para atesorar.

“Me gustan desde siempre. Recuerdo que le robaba los zapatos a mi mamá y también tengo muy presente algunos que adoraba usar, como unas botinetas que tenían una cadena que pasaba por debajo del taco y unas botas de lluvia”, dice Jessica Kessel. Aunque hoy no se imagina haciendo otra cosa, nunca soñó con dedicarse a este metier. Ni siquiera cuando, con sólo 15 años, hizo su primer curso de moldería en el atelier de Carolina Aubele. Era el momento de auge del diseño de autor en Buenos Aires y Palermo, semillero de moda, era uno de sus lugares predilectos.

Terminó el colegio, viajó un tiempo por Europa y cuando volvió -un año más tarde- fue vendedora en Jeans Makers, abandonó ese lugar para trabajar en el anticuario de sus padres y en esa época estudió producción de moda con Florence Argüello, quien la contrató como asistente para campañas gráficas y notas en medios especializados. “Aprendí un montón con ella. Estaba segura de que quería hacer algo ligado a la moda, pero también necesitaba un laburo que me permitiera independizarme. Y lo encontré: trabajé durante tres años en Casa de Gobierno. Tenía las mañanas libres, el deseo de armar un proyecto propio y mi fanatismo por los zapatos. A eso se sumó que empezaron a usarse mucho las plataformas y no conseguía modelos que me gustaran. Entonces me di cuenta de que podía hacer mis propios pares y empecé un curso con Fernando López Vizcaíno, maestro zapatero que tiene su estudio en Palermo”, recuerda.

“Deseo hacer zapatos que sean eternos que sean como una pieza de arte. En cada par hay una búsqueda estética, con cierta impronta lúdica”.

Lo primero que hizo fue un par de sandalias y más tarde logró armar sus primeros zapatos de taco alto. “En su taller aprendés a hacer todo a mano, desde el diseño sobre la horma hasta los últimos detalles de terminación. Es un proceso de producción que por momentos parece muy largo y tiene algunas dificultades. Sin embargo, cuando tuve mi primer par terminado la sensación fue genial y me dí cuenta de que quería hacer eso toda la vida”, sostiene.

Su showroom de la calle Defensa es un continuo estímulo visual: diferentes texturas y colores se mezclan en cada modelo. En lugar de seguir las tendencias, Kessel prefiere divertirse combinando materiales y probando nuevas formas.

“Los fabricantes me odian un poco, bromea Kessel, porque siempre cambio la moldería y eso implica hacer muestras nuevas”. La comodidad es uno de los pilares de sus diseños. “Nunca uso tacones altísimos. Creo que porque cuando trabajaba necesitaba algo que me permitiera moverme libremente sin cansarme. ¡Volvía a mi casa a las 11 de la noche! Necesitaba zapatos que pudiera usar durante todo el día”, justifica.

“Hay muchas cosas de las que no estoy segura, pero tengo la certeza de que puedo dedicarme para siempre a este metier”.

Sus zapatos llaman la atención: son súper femeninos y fáciles de usar y combinar aun cuando fusionan diversos materiales. Esa es la clave de su éxito y la que la coloca en el centro de las miradas. “Lo más lindo que escuché fue: ‘Te reconocí por los zapatos’”, cuenta con una sonrisa inmensa y la hace feliz cuando alguien la para por la calle para preguntarle de dónde es su calzado. Joven, idealista y obstinada (como buena escorpiana) sueña con crecer. “Me gustaría fortalecerme en el interior del país y también estoy viendo la posibilidad de vender mis diseños en el extranjero”, confiesa con los pies en la tierra y la certeza de estar dando pasos firmes para alcanzar esas metas.

 

 

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