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29/07/2017

Jon Hamm: “La soltería apesta”

Por Pablo Steinmann l Famoso como Don Draper en Mad Men, ahora apuesta al cine con Baby, el aprendiz del crimen. Acá reflexiona sobre sus looks, el paso del tiempo y su nueva vida de soltero.

Mujeriego, inestable, taciturno y muy seductor. La descripción podría encajar a la perfección en Don Draper, el recordado personaje principal de Mad Men, pero no tanto en su también famoso intérprete, Jon Hamm. Para empezar, porque el actor nacido hace 46 años en la ciudad de St. Louis, Missouri, tiene un historial amoroso bastante acotado: una larguísima relación (de casi dos décadas) con la actriz Jennifer Westfeldt, de quien se separó a fines de 2015. Fueron durante todo ese tiempo una pareja bien simbiótica, protagonizaron juntos la comedia romántica Besando a Jessica Stein (escrita por ella) y fundaron una productora de cine y hasta un refugio de animales (ambos son amantes de los perros). Si bien la ruptura fue en buenos términos, Jon no se ha mostrado muy satisfecho con su nuevo estado civil, al punto de confesarle a la revista InStyle: “Después de estar en pareja durante tanto tiempo, volver a estar solo no es nada fácil. En este tiempo descubrí que en realidad, la soltería apesta”, sentenció. Sin pareja a la vista, el muchacho está enfocado en sus numerosos trabajos en cine, el primero de los cuales -Baby, el aprendiz del crimen- acaba de estrenarse en nuestro país y lo muestra como un muy eficiente ladrón de bancos, miembro indispensable del grupo comandado por Doc (Kevin Spacey) y el joven Baby (Ansel Elgort). “Me involucré en el proyecto probablemente hace seis o siete años, cuando Edgar Wright, el director, me acercó el guión y quedé impactado por la historia y la forma en la que decidió narrarla”, comenta.

-Tenés un aspecto muy llamativo en tu nueva película. ¿Cómo llegaron a eso?
-Edgar lo impulsó. En realidad él deseaba jugar con este elemento. Mi personaje es un tipo algo mayor que está de novio con una chica demasiado joven (Darling, interpretada por la mexicana Eiza González) y a la quiere emparejarse todo el tiempo. Usa ropa que también es demasiado juvenil para él y que no le funciona demasiado… Puedes encontrarte tipos así en los clubes en Hollywood o Miami. El típico grandulón de 60 años con jeans de diseñador que lo ves y decís: “Uh no, querido, ¡no!”. En ese sentido, se aleja bastante de mí ya que no me interesa para nada la juventud artificial. Pero Buddy es así, ha invertido mucho en su relación con esta chica y está comprometido en eso. También su corte de cabello es una parte importante de ese aspecto.

“Después de estar en pareja durante tanto tiempo, volver a estar solo no es nada fácil. En este tiempo descubrí que en realidad, la soltería apesta”.

-Hablemos de ese corte…
-(Ríe) No sé bien cómo definirlo. Me rasuraron a los costados y me dejaron una especie de mechón en la parte superior. Cuando me vi al espejo por primera vez dije: “¡Dios!”. Pero no dejó de ser algo muy divertido. Además, cambiar tu corte de cabello de modo tan drástico ayuda a que el público se olvide, por lo menos si lo hacés bien, de cualquier otro personaje que hayas interpretado antes.

-¿Después del éxito de Mad Men es importante para vos seleccionar papeles diferentes?
-La serie tiene vida propia, mucho más allá de mí y en ese sentido no puedo estar más que agradecido de haber participado en algo que ya pertenece al firmamento de la cultura. No todos tienen ese tipo de oportunidades y a mí me llegó. ¿Eso quiere decir que de ahora en más debo tomar decisiones para alejarme de ese personaje de forma radical y consciente? No. Para mí la ecuación siempre es la misma: trabajo en proyectos que me resultan interesantes y colaboro con personas que considero desafiantes y emocionantes como Edgar. Sería tonto no aceptar un trabajo como el de Baby… Que se me presenten este tipo de oportunidades también me convierte en un tipo muy afortunado.

-¿Recordás tus inicios en Hollywood? ¿Cuál fue tu primer papel importante?
-En la película Fuimos soldados, del año 2000. Tenía 30 años recién cumplidos y me tocó trabajar con Mel Gibson y Sam Elliott. Mi idea en todo momento fue mantener los ojos bien abiertos y la boca cerrada, aprendiendo de los demás y esforzándome en hacer mi trabajo lo mejor posible. Era una película de guerra enorme y alocada, con explosiones increíbles por doquier y aviones volando sin cesar. El primer día comenzamos a filmar a las seis de la mañana, cuando apenas salía el sol, y tardamos horas en hacer una sola toma. Recuerdo que en el receso del almuerzo me acerqué a Mel (Gibson) y le pregunté: “¿Nunca te pones nervioso?”. Y él me mi miró extrañado y me respondió: “¿Nervioso?, ¿por qué?”… (ríe a carcajadas).

-¿Tuviste que entrenar mucho para este nuevo rol?
-Sí, como loco. Sabía que habría muchas escenas de acción y caídas y todo ese tipo de cosas. Cuando pasás la barrera de los 40, todo se deteriora rápidamente y simplemente no quería ser el hombre que suspendiera la producción a causa de una lesión. Por suerte, no sucedió. Y debo decir que me sentí en muy buena condición durante todo el rodaje. Ahora ya no tanto… No importa, al menos quedó un registro de ese estado en la película (risas)… <

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