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06/08/2017

“El amor es simple. Si hace sufrir, no sirve”

Por Fernando Gomez Dossena | A los 39 años y lejos de esa vida itinerante que llevó durante mucho tiempo se reconoce súper hogareña y cómoda con su nueva familia “disfuncional”, en la que conviven novio, hijos y varias mascotas.

Dolores se ríe. No para de hacer bromas. Se la nota muy feliz y relajada. Acaba de regresar del Festival de Cine de Cannes, en donde presentó junto a su pareja Santiago Mitre, Erica Rivas y Ricardo Darín la película La Cordillera. En el filme ella interpreta a la hija del Presidente argentino, que en una cumbre iberoamericana de mandatarios en Chile sufre algunos percances personales y psicológicos que lo enfrentan al dirigente a problemas más serios y oscuros que su propia carrera política. “No puedo separar la película de Santiago. Claramente acepté el papel porque me encanta lo que hace, cómo lo cuenta y cómo trata a los actores. Encima actuar con Ricardo es lo mejor que te puede pasar, es talentoso, divertido…¡un gran compañero!”, comenta a los 39, la mamá de Lázaro (8) y Libertad (6), hijos que tuvo con el también actor Gael García Bernal.

-¿Estuviste muy involucrada desde el comienzo con la película?
-¡Obvio! En todo. Cuando estás de novio con alguien que está gestando un proyecto lo compartís siempre. Salvo que tengas una relación que no funcione más, sin diálogo. Él hace todo solo, pero siempre estoy ahí prestando atención. Y me encanta porque lo admiro muchísimo y adoro cómo trabaja. Es un director inteligente y nada neurótico, eso genera un gran clima de trabajo.
-¿Es complejo trabajar con tu pareja?
-No, me encanta, creo que es en donde mejor funcionamos (risas).
-Tu rol en la película es de una mujer fuerte y sensible, pero que viene a destapar ciertos manejos turbios del pasado de su padre y su familia, ¿rechazarías un papel porque no te identifica?
-Sin dudas. Me gustan los personajes de denuncia, pero nunca negociaría sino me gustara el mensaje final. He dicho que no a roles de mujeres que no le hacían mérito al género ni a la defensa del mismo.
-¿Cómo hacés como mamá para tratar de inculcarle a los chicos el respeto al género?
-Es fácil y tiene mucho que ver con el día a día. Me sale naturalmente y tengo mucho diálogo con los dos. Me gusta hacerlos sentirse bien y seguros de sí mismos. Evito la violencia, siempre la repudio y sobre todo del varón hacia la mujer. ¡No se le pega una chica sale mucho de mi boca! (risas). Obviamente levantan la mesa los dos, se reparten tareas, abogo todo el tiempo por la equidad. Hablo muchísimo con ellos y siempre voy con la verdad.
-¿Por ejemplo?
-Le pongo nombre a las partes del cuerpo. La vagina es la vagina y no la chuchita o lo que sea. Libertad ya dice no me mires la vagina y me encanta que sepa que es de ella y nadie se la puede tocar. Cuando sea más grande y tenga novio, veremos (risas). El otro día Libertad se fue a dormir a lo de un amigo y confieso que me costó no ser conservadora, pero se lo permití. En un momento me mandó una foto de los tres en la cama y algo me generó, pero lo importante es permitírselo y bancarse uno los prejuicios. Te enfrenta a tus propios miedos y preconceptos. Una vez Lázaro preguntó frente a mí mamá por qué la mujer se indispone y le expliqué todo el proceso. Mi vieja quedó estupefacta y para él fue algo totalmente normal.
-¿Tenés referentes mujeres?
-¡Sí! Mi abuela y mi mamá, ante todo. Mi abuela tiene 92 años, vive sola, sale todos los días con amigas, le gusta el vino, es una genia. La amo porque es una mujer de avanzada.
-¿Qué te hace sentir fuerte?
-Poder criar a mis hijos cuando estoy sola. Mantenerlos a flote y estar atenta a ellos. Como eso es lo que más importa lo demás es más liviano. No se juega todo en otros aspectos. Cambian las prioridades.
-¿Qué te enseñan los chicos a vos?
-Todo el tiempo tiran bombas y te explotan en la cara. Me río muchísimo con ellos. Entienden todo enseguida, saben cuando estás triste, alterada, ¡todo! Me dicen: ‘Tranquila mamá, relajate’. Tienen sentido del humor y eso me encanta.
-¿Te llevás bien con esta etapa en la que son más independientes?
-Me encanta. Me libera un montón, se entretienen solos, tienen amigos, juegan entre ellos, a veces tienen más actividades sociales que yo. Es divertido poder compartir todo ya. Les gusta la música, podemos bailar todos juntos.
-¿Cómo te organizás con la logística?
-Como puedo, como todas las madres que somos pulpos. No nos queda otra. Lamentablemente todavía hay mucha injusticia en ese terreno, pero igual lo disfruto. Soy mamá chofer, los llevo a todos lados, al menos me encanta manejar.
-¿Cómo te llevás con la familia ensamblada?
-Separo bastante, no hago enchastres. Obviamente los cuatro compartimos tiempo juntos, pero trato de repartirme. Cuando puedo divido el momento adulto y el infantil. Intento que coman los chicos y después Santiago y yo tranquilos, por ejemplo. Me gusta así y me relaja.

“La mía es una familia disfuncional y yo me crié en una igual. En realidad son funcionales pero de otra forma. Hay miles de tradicionales que son totalmente disfuncionales. De ahí salimos todos, esas parejas que nunca se separan. ¡Por suerte los míos lo hicieron! Además, hoy los amigos, la niñera y hasta los animales son parte de la familia”.

-¿Creés en nuevos modelos de familia?
-Obvio, ya están conviviendo con nosotros. La mía es una familia disfuncional y yo me crié en una igual. En realidad son funcionales pero de otra forma. Hay miles de tradicionales que son totalmente disfuncionales. De ahí salimos todos, esas parejas que nunca se separan. ¡Por suerte los míos lo hicieron! Además, hoy los amigos, la niñera y hasta los animales son parte de la familia.
-¿Tenés muchas mascotas?
-Sí, gato, perro y ahora conejo. ¡Estoy fascinada!
-Carla Peterson tiene un conejo…
-Sí, le consulté a ella antes de adoptarlo. Lo amo, interactúa como perro, se para como una ardilla, es adorable. Hace mucha caca, pero sólo en la caja, está bastante educado.
-¿Qué hacés cuando estás sola?
-Adoro dormir la siesta, es mi mejor plan. Me acuesto con los bichos, los limpio, los saco a pasear, sino leo, cuido las plantas, me ocupo bastante de la casa, porque me gusta estar en mi hogar. Si tengo tiempo, cocino.
-¿Extrañás la vida itinerante?
-No, para nada. Ya no aguanto los viajes, fue otra etapa. De hecho ya se me complica porque no tengo con quién dejar a los animales. Me gusta viajar solo por placer, no me gustan los aeropuertos y todo me genera un estrés tremendo. Me volví muy rutinara y creo que fue por la edad. Encontré el placer en el orden: amo llegar a a casa, esperar a los chicos, cocinar, ver al conejo suelto… esa es mi postal de la felicidad.

“A esta altura quiero estar con alguien -como en el caso de Santiago- que me haga la vida más fácil y que yo sea la mejor versión de mí misma con él. No quiero alguien que me ponga insegura, eso ya pasó. Creo que el amor es cada vez más matemático y la fórmula más simple: si está todo bien, adelante, sino ¡chau!”

-¿Te sentís mejor a esta edad que a los 20?
-(Risas). Vas apreciando diferentes cosas. El otro día veía fotos de los 20 y recordaba que era un animalito, con plena energía y voluntad. Ahora estoy más tranquila, sin ebullicción, la seguridad te saca ansiedad y te hace disfrutar al máximo. No vivo todo el tiempo como loca. Lo único es que, más que nada las mujeres, nos tenemos que amigar con el paso del tiempo, ahora no me queda todo bien y no puedo dormir dos horas y salir a la calle. ¡Hay que estar atenta a todo! El amor, la pareja, los hijos siempre cuestan, a los 20 o a los 60.
-Santiago es más joven…
-¿Interrumpe?¡Pero sólo dos años! (Risas). No es grave y ni se nota. Todos mis novios siempre tuvieron dos años menos que yo, me gustan los del `80. La excepción fue el padre de mi hijo que es de mi misma edad. Me gustan los pendejos (risas). ¡No, chiste!.
-El amor cuesta dijiste, ¿es tan así?
-Sí. Aunque hoy no me voy a enroscar con algo demasiado complejo. A esta altura quiero estar con alguien -como en el caso de Santiago- que me haga la vida más fácil y que yo sea la mejor versión de mí misma con él. No quiero alguien que me ponga insegura, eso ya pasó. Creo que el amor es cada vez más matemático y la fórmula más simple: si está todo bien, adelante, sino ¡chau! <

 

 

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