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SÚPER PANORÁMICA. Cala d´Hort, una de las playas más famosas y bellas de Ibiza.
27/08/2017

Ibiza: La isla más cool

AJuanito Mari le encanta contar la historia de Las Dalias, el mercadillo hippie más famoso de Europa. Al mismo tiempo es la historia de su familia y su infancia. Aquí creció. “Las Dalias es un estado de ánimo que hizo famosa en todo el mundo a la isla balear de Ibiza”, dice.
Son las diez de la noche. Sopla una suave brisa. Una banda de música tecno toca en medio de alrededor de 200 puestos del mercadillo nocturno. El ambiente está relajado. En el puesto de mojitos se ha formado una cola. Mari, de 56 años, toma satisfecho su cerveza. Aquí se siente en casa. El bar, que pertenece al mercadillo hippie, lo fundó su padre Joan en 1954 para los campesinos de la zona y para los habitantes de la cercana localidad de Sant Carles. Sería el comienzo de una leyenda, aunque nadie lo sospechaba en aquel entonces. En aquella época aún no había mucho turismo. Sólo algunas celebridades, como el príncipe Rainiero de Mónaco o el naviero griego Aristóteles Onassis, viajaron en algunas ocasiones a esta isla salvajemente romántica con sus pinares, costas acantiladas y bahías de color turquesa. Todo cambió en la década de los 60, mucho antes de que el jet set internacional eligiera la isla como su destino favorito. Los primeros en descubrir Ibiza fueron los “peluts” (peludos), tal como llamaba la población local a los hippies. La mayoría de ellos se asentaron en la región de Sant Carles. Por poco dinero compraban a los lugareños las casitas blancas con forma de cubo. Por la noche, se reunían en Las Dalias, el punto neurálgico de la cultura hippie en la isla en aquellos tiempos. Fue la época dorada del “flower power”, recuerda Mari. “Vivimos años hermosos aquí”.

No sólo el mercadito Las Dalias es una institución en Ibiza sino también el bar Ca n’Anneta, situado enfrente de la iglesia pintada de blanco de Sant Carles. El bar no sólo es muy frecuentado por las deliciosas tapas sino también por su larga historia como oasis del mundillo hippie. “Gracias a la gloria de los viejos tiempos captamos a muchos nuevos clientes”, dice el camarero Pepe Guasch. Hasta el día de hoy, el norte y el noroeste de la isla son el epicentro de la cultura hippie.

Antes de la llegada de Onassis esta isla era salvajemente romántica, con sus pinares, costas acantiladas y bahías de color turquesa. Todo cambió en la década de los 60, mucho antes de que el jet set internacional la eligiera como su destino favorito.

Menos tranquilo es el ambiente en Sant Antoni, en el oeste de la isla. Este antiguo pueblo de pescadores con su gran bahía es hoy una de las ciudades más grandes de Ibiza, que cuenta con elegantes discotecas y la mayor densidad de clubes de playa en la isla. En el Café del Mar, unos de los bares con vistas al mar más famosos de Ibiza, cada noche cientos de personas aguardan el momento para contemplar la puesta del sol.
Lo primero que uno ve desde el avión durante la maniobra de aproximación al aeropuerto de Ibiza es la hilera de bares, restaurantes y tiendas a lo largo de la Platja d’en Bossa, una de las playas de arena más extensas de la isla. “Para mucha gente, Ibiza es una discoteca flotante”, dice el músico y guía turístico José Antonio Canseco, que conoce las historias de las personas adineradas y famosas de la isla. Los clubes elegantes están situados junto al puerto naútico de Ibiza, donde en verano están fondeados los barcos de los superricos con el centro histórico como fondo. Entre el público en locales legendarios como Pachá o Lío es posible encontrarse con muchos famosos.

Un destino poco conocido es el poblado de Balàfia, una agrupación de cinco viviendas rurales en el norte de la isla que recuerdan a los viejos tiempos, cuando campesinas vestidas de negro marcaban la imagen local. Sobre algunas de estas “casas payesas” se alzan recias torres de defensa. En el norte también comienzan varios de los senderos más bonitos de la isla. Desde el poblado de Santa Agnès, conocido por su bar rústico Can Cosmi y la espectacular floración de almendros en febrero, uno puede llegar en poco tiempo caminando a la Puerta del Cielo, una gigantesca roca que ofrece una vista espectacular.”La isla tiene un alma dividida”, dice Canseco. El músico se dirige a Benirràs, su playa favorita en el norte de la isla, donde todas las noches se reúnen hippies para despedirse del sol con el redoble de tambores. Todavía hay cierto equilibrio entre “flower power” y jet set. Cada uno tiene sus propios refugios. Pero la pregunta es hasta cuándo, porque a la isla con sus 140.000 habitantes llegan cada año más de tres millones de turistas, una cifra que no deja de crecer. Al menos Canseco es optimista: “Si uno realmente quiere, puede evitar el contacto con el ajetreo de la gente”.

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