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30/10/2017

Carla Quevedo: “Me cuesta la vida en pareja”

Por Pablo Steinmann l Tras una larga experiencia en Nueva York y Hollywood regresó al país para coprotagonizar El Maestro junto a Julio Chávez. Tímida y encantadora, habla de sus trastornos de ansiedad, la fama, el amor y los sueños.

“Caballitense hasta la médula”. Así se define Carla Quevedo (29), que hasta no hace muy poco vivía en el artístico Lower East Side de Nueva York pero que no olvida para nada su Caballito natal. Ahora está de regreso, tras casi una década de experiencia (o experiencias, mejor dicho) en el exterior. Principalmente en la Gran Manzana, pero también en Los Ángeles, donde trabajó en proyectos como Show me a hero (la premiada miniserie de HBO) o la comedia hollywoodense Cómo ser soltera (junto a Rebel Wilson y Dakota Johnson). Su primer papel en cine fue el de Liliana Coloto, la joven novia de Ricardo Morales (Pablo Rago) que aparece asesinada ni bien comienza el exitoso filme (ganador del Oscar) El secreto de sus ojos. Fue un gran debut, que le permitió ese despegue internacional y que en definitiva la trajo hasta acá, a co-protagonizar, nada menos que junto a Julio Chávez, la miniserie El Maestro, que se puede ver todas las semanas tanto por El Trece como por TNT (y completa en la plataforma Flow de Cablevisión). “Es la primera vez desde mis 21 años que me quedo por tanto tiempo en mi país. Siempre venía por uno o dos meses. Es un poco rara la sensación…”, comenta.

-¿Rara como algo negativo o positivo?
-Positivo. Estoy feliz rodeada de tanta familia y amigos de toda la vida… Además me reencontré con ciertas costumbres -como esa, la de reunirse con afectos todo el tiempo-, que tenía algo olvidadas y que ahora las siento más mías que nunca.

“Cuando empecé a sentir las crisis de ansiedad y depresión, lo único que me alivió fue darme cuenta de que no estaba sola y que mucha gente puede llevar una vida lo más bien con este problema”.

-¿Siempre soñaste con esto, con ser actriz?
-No me siento actriz, trabajo de actriz que creo no es lo mismo. Y no, la verdad es que de chica siempre pensaba que iba a terminar estudiando una carrera universitaria. Finalmente pasé por dos: Diseño de Indumentaria y Letras hasta que un buen día acompañé a una amiga a un casting y ahí empezó todo.

-¿Por qué decidiste irte?
-No lo elegí, se fue dando… Parece que nunca tomo decisiones, ¿no…? (ríe). Fuera de broma, suelo ser muy abierta con lo que el destino me propone. Lo que pasó en ese momento es que era chica, me había separado de mi novio de muchos años y tenías ganas de encarar un viaje sola. En principio me iba a ir a Japón pero después lo deseché, me pareció que era demasiado para un primer viaje. Lo hablé con mis viejos, me apoyaron y me fui a Nueva York a estudiar teatro. Estando allá, sucedió el furor de El secreto… y ahí nomás un agente me ofreció sacarme la visa de trabajo. Y obvio, acepté. Pero no fue con la idea de quedarme para siempre. Se fue estirando.

-Lo decís como algo simple pero para muchísima gente es todo un sueño vivir en Nueva York, actuar en Hollywood…
-Sí, es cierto pero supongo que de afuera la vida del otro siempre nos parece más espectacular de lo que es. Yo soy consciente de que tuve mucha suerte y soy una agradecida total de lo que me tocó pero a su vez tengo la capacidad de poder sacarle toda esa pátina de espectacularidad y ruido a ciertas cosas. Después de El secreto… me metí a filmar el cortometraje de mi primo bien a pulmón y después de Show me a hero lo mismo, viajé a Uruguay a hacer una película súper experimental e independiente en la que no había ni siquiera gente de maquillaje y pelo. Y todas fueron experiencias geniales. Cuando actúo, realmente no me importa a quién tengo al lado ni la magnitud del proyecto.

-Tengo entendido que de Winona Ryder, con quien trabajaste en Show me a hero, eras fanática desde chica…
-Sí, pero después se transformó en una compañera de trabajo más. Podés admirar al otro, pero no es sano ponerlo en un pedestal porque así no se puede construir nada en conjunto. Es lo mismo que en una pareja, ¿no?

-Hablando de… ¿Estás en pareja ahora?
-No. Mi último noviazgo fue en Nueva York, con un norteamericano. Actor. Pero no funcionó. Por supuesto que depende de cada persona, pero siento que hay algo que se genera entre los argentinos que es único. Con mi ex lo veía en el humor, sobre todo. ¡Para mí era frustrante que no entendiera los videos de (Peter) Capusotto! Y si entendía alguno, se indignaba, le parecía un humor muy negro… Yo creo que los argentinos somos mucho menos solemnes. Por nuestra historia e idiosincrasia, nos sentimos un poco con derecho a reírnos de todo. Y de todos… (ríe)

-Hace un tiempo trascendió un supuesto noviazgo tuyo con “Chano” Charpentier…
-Me gusta que me lo preguntes porque lo vi replicado en muchos lados y la verdad es que con Chano jamás fuimos pareja. Nunca salí a aclararlo porque vengo rompiéndome el lomo hace muchos años como para trascender, o no, a partir de con quién salgo. La verdad es esa: tuve sólo dos novios, el que te conté recién y el de antes de irme a Nueva York.

“Con Chano jamás fuimos pareja. Nunca salí a aclararlo porque la verdad es que vengo rompiéndome el lomo hace muchos años como para trascender, o no, a partir de con quién salgo”.

-¿Te gusta el estado de novia?
-Me cuesta bastante la vida en pareja, y al igual que otros tantos temas, me llena de contradicciones. Por un lado soy un peluche que quiere abrazar a su chico y que él me abrace todo el tiempo y, por el otro, cuando algo por el estilo sucede, empiezo a sofocarme y a necesitar espacio. Y a la vez, no dejo de ser una Susanita en el fondo, me encantaría formar una familia, casarme y tener tres hijos, para los cuales ya tengo los nombres! (ríe). Supongo que el tiempo dirá, pero últimamente me acostumbré mucho a la soledad. Y me volví un poco más mañosa, lo admito.

-En varias notas hablaste de tus crisis de depresión y ansiedad generalizada, y de la necesidad de tratarlas como un problema serio. ¿Cuándo empezaste a sentir esos trastornos?
-Alrededor de mis quince años. Son crisis muy difíciles de entender para el otro pero con las que convivo desde siempre, prácticamente. Es una lucha constante, que curiosamente se recrudece en los momentos me mayor felicidad. De todas las premieres que tuve me fui llorando, por ejemplo… “¿No estás contenta?”, me preguntaba mi mamá. Y sí, pero no. Cuando empecé a sentir estos síntomas, lo único que me alivió fue darme cuenta de que no estaba sola y que mucha gente puede llevar una vida lo más bien con este problema. Haciendo terapia y pidiendo ayuda, claro.

-¿Incluye medicación el tratamiento?
-Depende. En mi caso sólo en los que momentos en los que se genera un desbalance químico y hormonal muy importante. Pero no me es necesaria siempre. Ahora, de hecho, estoy solo con mi terapeuta de siempre y el diván.

-¿Y cuando estabas afuera cómo hacías?
-Igual, pero por teléfono. Era lo mejor del mundo, comía una hamburguesa tirada en mi cama y hablaba sin parar. Era la combinación perfecta de todo lo que me gusta… (ríe) . Fuera de broma, estaba bueno realmente, creo que el hecho de no tener una presencia física en el cuarto me ayudó a abrirme más.

-Sos consciente de que elegiste un oficio difícil para lidiar con algo así…
-Sí, es cierto, soy súper insegura y me expongo todo el tiempo al rechazo… ¡Es tremendo! Sin embargo, con los años entendí que hay algo en mi profesión y en el hecho de tener siempre las emociones tan a flor de piel, que me ayuda. Y que se retroalimenta con mi trabajo. Ojo, no soy una actriz del método, no me olvido jamás de que soy Carla, pero sí creo que en un personaje podés descargar un montón de emociones. Es más, creo que el cambio más positivo que hubo en mí fue empezar a usar eso a mi favor. Antes me daba hasta culpa trabajar de actriz. Imaginate: luchaba todo el día por no llorar y de repente iba a un set en el que me reclamaban justamente eso, llorar. Y me angustiaba el doble. Hasta que empecé a sacarle el jugo, a aprovechar este karma para formar una especie de equipo… Upa, me puse muy profunda creo… (sonríe).

-La última Carla, ¿creés que esta vuelta al país es definitiva?
-No lo sé. Pero sí es cierto que esta es la primera vez que, por ejemplo, empecé a apropiarme de mi departamento. Lo tenía alquilado a un futbolista y ahora me instalé a full, lo pinté todo de nuevo. Me traje una alfombra de Nueva York, algunos cuadros… Se está pareciendo más a un hogar. Es como que empecé a plantearme: “¿y qué pasa si vuelvo?” Por ahora sigo buscando la respuesta…

 

También autora

Adquirió el gusto por los libros de chica, cuando en su colegio la obligaban a leer durante uno de los recreos. Convertida en lectora voraz, hace rato que además escribe, principalmente poesía y hace poco terminó también su primera novela que ya tiene título: Mi correspondencia con siete extraños o cómo me enamoré de Nicolas Cage. “Sí, tiene algo de autobiográfica, pero el nombre es pura ficción, Cage me parece un actor increíble y en la historia es otra cosa, un músico de una banda famosa. Ahora estoy trabajando en su reescritura en español ya que fue escrita en inglés pero mi idea es publicarla primero acá, en mi tierra”, concluye.

Edición Nro:

 

 

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