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05/11/2017

Gerónimo Rauch: “Estoy más cerca del tipo que siempre quise ser”

Por Pablo Steinmann l A meses de cumplir 40, el cantante que conquistó Europa se muestra más introspectivo que nunca. Y feliz por ser profeta en su tierra: tras el Colón se presenta ahora en el Luna Park.

Muchos, por no decir todos, recibirían una noticia así -la ruptura del panel de luces a poquito de empezar un histórico recital en el Teatro Colón- como una catástrofe total, una especie de indicio fatalista y motivo de pánico. Pero Gerónimo no. No sabe bien por qué, pero lo cierto es que se quedó muy tranquilo cuando le contaron el infortunio, cosa que hoy –a más de cuatro meses de ese recital- celebra con creces: “Fue hasta mejor que sucediera eso porque se terminó armando un concierto bien a la antigua: música, luz de sala y el propio vestido del Colón como marco visual. Fue algo realmente mágico y así lo viví, como un antes y un después en mi carrera”, sentencia. Gran parte de ese repertorio será la base del espectáculo que brindará el próximo jueves en otro emblemático escenario: el Luna Park. “Si el Colón fue un concierto, éste será un show con todas las letras, con muchas luces -ahí sí espero que no fallen (risas)-, pantallas gigantes y una amplificación mayor”, explica y anticipa que habrá muchos invitados sorpresa, entre ellos el elenco completo de una comedia musical actualmente en cartel. “No puedo contar más”, dice y ríe, con un entusiasmo que contagia.

-En menos de un año, dos recitales históricos, ¿te hubiese imaginado algo así hace un par de años?
-No. Pero siempre aposté por esto. Y hoy siento que el hecho de haber venido al país durante todos estos años está empezando a rendir sus frutos. La gente comienza a reconocerme por lo que hago, comienza a seguirme. Es un mimo enorme. Sé que lo mío no es tan popular y estar por cantar en un escenario tan grande y emblemático como el Luna Park me llena de alegría. Eso, el concierto del Colón, el disco solista, son todas cosas que me reconfirman en voz baja: “sí, estás yendo por el buen camino”.

“Mientras el consumismo y el afán material reinan por todos lados, con mi mujer preferimos dar un pasito al costado. Tenemos un centro de yoga y todos los años vamos a la India, donde aprendemos muchísimo. En todo sentido”

-En España sigue tu carrera a full. En breve volverás al musical, nada menos que con Paloma San Basilio, ¿verdad?
-Sí, se trata de una obra muy linda, Sunset Boulevard, que haremos en Tenerife durante diciembre y enero, en una temporada corta que quizá siga luego con gira y temporada en Madrid. Me gustó mucho la idea de volver al género, ni que hablar de hacerlo con Paloma, a quien ya conocí y me pareció entrañable. Súper simple, agradable y generosa, me abrió las puertas de su casa como si fuese un amigo de toda la vida.

-¿Seguís extrañando la vida porteña o ya sentís a Madrid como tu nuevo hogar?
-Ambas cosas. Amo nuestra vida española, pero apenas el avión pisa Ezeiza ya empiezo a sentir algo inexplicable, una sensación de mucha pertenencia. Pero sí, estamos muy felices allá. Mi mujer es española, tenemos familia, amigos… Y además estamos rodeados de gente muy interesante, de todas partes del mundo. Madrid es un poco la ciudad de todos, nadie te pregunta de dónde venís, simplemente te incorporan como un par. El español de a pie es un tipo muy sano para convivir. El gobierno está podrido, sí, ¿pero qué gobierno no lo está? Deberíamos empezar a repensar el anarquismo como modo de vida… (ríe)

-¿Tu hijo Gael ya empezó la escuela?
– Sí, está en primer grado. Y enorme, en una etapa de mucha charla y conversación. Muchas de ellas con preguntas incómodas incluidas, como la de la famosa semillita, por ejemplo… U otra peor: “me contó tal en el cole que nos vamos a morir todos. Me mintió, ¿no?”, me preguntó angustiadísimo y llorando hace poco. Fue todo un tema. Lo loco es que mi mujer es súper pedagógica ¡pero esos planteos me tocan siempre a mí!

-Tu mujer es instructora de yoga, ¿incorporaste esa práctica a tu vida?
-Sí, para empezar porque en nuestra misma casa (N de la R: en el bohemio barrio de Chueca) funciona el centro de yoga Ashtanga que abrimos hace poco como proyecto familiar. Ella es el alma de lugar, la instructora, la jefa, todo. A mí me gustaría recurrir más seguido a la práctica del yoga, lo admito, pero sí siento que hay un montón de conceptos y búsquedas relacionadas a ese mundo que están geniales.

-¿Por ejemplo?
-La idea de conectarnos con lo más simple de la vida. Mientras el consumismo y el afán material reinan por todos lados, nosotros preferimos dar un pasito al costado. Hoy en día me visto elegante sólo porque es mi trabajo, sino siempre me vas a ver en jogging o ropa suelta. Mi mujer lo mismo. Hace tiempo que hacemos al menos un viaje a India por año y allá también hemos aprendido muchísimo. En todo sentido.

-¿Van con Gael?
-Sí, ya tiene cuatro viajes a la India, en el último hasta fue al colegio durante la estadía. Así de local es. Lo que pasa es que va a una escuela Montessori, que es prácticamente igual en todo el mundo. En la India, lo único, incorpora un poco más de meditación. Verlo en posición de loto antes de comer es realmente lo más. Allá en Mysore, la ciudad a la que vamos, tenemos una familia anfitriona a la cual ayudamos luego desde España. Nos encanta ir. La India es un país muy rico, te enseña a vivir a otra velocidad, a dejar atrás la ansiedad y el piloto automático.

-Estás más introspectivo…
-Sin duda. Será la edad pero hoy siento que no sólo no abandoné mis búsquedas de siempre sino que las profundicé. Incluso en lo profesional, yo antes estaba súper habituado a “esconderme” detrás de un personaje o de una historia y últimamente salí a cantar como yo, sin máscaras ni filtros de por medio. Estoy en un gran proceso de autodescubrimiento, busco acercarme cada vez más al tipo que siempre quise ser.

 

La reunión que no fue

Como artista de Sony Music México, Gerónimo viajó a la capital azteca para cerrar acuerdos para su segundo disco solista. Iba a reunirse con el presidente de la compañía y varios productores de allá pero camino a ese encuentro un repentino rugido de la tierra lo detuvo. Sí, el devastador terremoto del pasado 19 de septiembre. “El auto se transformó en un samba, se movía y saltaba para todos lados. De repente lo vi al chofer, pálido y completamente paralizado. Ahí me dije: ‘esto es serio’. Y en seguida sentí que lo mejor que podía hacer era quedarme ahí, quieto. Y eso hice. Fue un momento horrible pero mucho peor fue descubrir luego todo lo que había el sismo había generado. La ciudad se tiñó de tristeza. Y a su vez, de una increíble solidaridad. Fue muy loco ser testigo de esa dualidad”, cierra.

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