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25/11/2017

El estilo francés vuelve a la Avenida Alvear

En el marco de su 30º aniversario Paule Ka inaugura su primera boutique en Buenos Aires. La diseñadora Alithia Spuri Zampetti, responsable de la colección estival, habla sobre su carrera y el espíritu de la maison.

Buenos Aires es nuevamente un destino tentador para firmas de alta gama como la francesa Paule Ka que -con Roberto Devorik como representante- abre su primera boutique en el país. Si bien las primeras propuestas -de primavera y algo de verano- ya estarán en el showroom en diciembre, recién en marzo se llevará a cabo la presentación oficial de la marca. La etiqueta creada por Serge Cajfinger en 1988 siempre se caracterizó por sus prendas estructuradas y con fuerte acento en el color y la forma. Sgole Royal, ex candidata a la presidencia de la Francia, era una gran seguidora de la maison y solía lucir conjuntos de la misma en actos y entrevistas durante la campaña de 2007. La última directora creativa de la casa de prêt à porter fue la diseñadora ítalo americana Alithia Spuri-Zampetti, que recibió a LUZ en la boutique de Saint Honoré (París).
Aunque nació en San Diego, California, ella creció en Roma y estudió en Londres, por lo que siempre estuvo muy influenciada por el estilo europeo. Con sólo 30 años fue convocada por los directivos de Paule Ka para renovar el espíritu de la casa. Savoir faire, inteligencia, sensibilidad y experiencia afueron los ingredientes clave para llevar adelante esta tarea. Egresada de Central Saint Martins School, confiesa que adora el lujo en las creaciones y sorprende con sus siluetas ultra femeninas. Antes de llegar al atelier francés pasó por los talleres de Valentino, Bottega Veneta y Lanvin, a dónde fue asistente de Alber Elbaz.

-Viviendo en Roma, ¿Por qué elegiste estudiar en Londres y no en Milán?
-Porque los italianos consideran mucho a los estudiantes de moda que obtienen un diploma en una escuela de Londres. Si hubiese estudiado en Italia no habría conseguido trabajo apenas recibida como sucedió.

-¿Cómo fue tu experiencia en Valentino y en Bottega Veneta?
-En ambos lugares aprendí cosas diferentes. En el atelier de Valentino salió a la luz la faceta creativa, mientras que en Bottega Veneta tuve un entrenamiento mucho más técnico ligado al dibujo y los procesos de fabricación de las prendas.

-Y luego llegaste a Lanvin…
-Yo buscaba algo creativo porque trabajo mucho en 3D y había estudiado para realizar modelos sobre telas con volumen. Por suerte, tuve la posibilidad de hacerlo en Francia, trabajando junto a Alber Elbaz. De hecho, estuve 6 años allí: entré como estilista junior y de a poco fui asumiendo más responsabilidad hasta llegar a ser directora del atelier.

“Decidimos no limitarnos y así ofrecer un guardarropa que puede ser tanto como para la madre como para la hija. Las dos van a estar muy chic y con productos de calidad pero uno no va a excluir el otro.”

-¿Cómo fue tu llegada a Paule Ka?
-Al haber trabajado tanto tiempo en diversos lugares tuve la posibilidad de reflexionar en torno a la moda, pensar qué era lo que yo quería hacer y me dí cuenta de que si me quedaba en el medio del lujo, en esas casas maravillosas, siempre seguiría siendo asistente y lo que yo deseaba realmente era crear algo para mí, algo que implicaba explorar otros caminos. Cuando todavía estaba en Lanvin hubo dos señales importantes que me hicieron cambiar de rumbo. Una fue que conocí a dos personas que habían trabajado en Paule Ka y que se incorporaron al atelier: una de ellas era una modelista que no venía ni de Chanel ni de Dior pero era la mejor modelista que teníamos y realizaba los moldes de una manera genial; la otra llegó para hacer maquetas en 3D y también era fantástica. Cuando pregunté de dónde venían me dijeron que del atelier Paule Ka. Hasta ese entonces yo no conocía la marca ni había entrado en ninguna de sus boutiques pero empecé a ver las campañas en la prensa y me dí cuenta de que había algo allí que podía ser muy bueno para mi proyecto laboral. La segunda señal fue cuando Lanvin hizo una colaboración con H&M. Me opuse diciéndole a mi jefe que nos iban a robar los moldes pues era imposible que una marca de lujo como Lanvin pudiera asociarse a una marca masiva como H&M pero él me convenció diciéndome que eso era el futuro y que yo lo comprendería muy pronto. Y así fue, H&M venía al atelier tomaba los moldes, las telas y reproducía tal cual las prendas que a nosotros nos llevaba muchísimo tiempo realizar. El resultado fue que la gente podía comprar modelos de Lanvin a precios típicos de H&M.

-¿Cómo lo explicarías?
-La diferencia es que ellos no tienen tiempo de desarrollar un producto. A nosotros hacer un molde perfecto nos lleva muchas pruebas y realizamos el modelo en por lo menos una decena de telas hasta lograr el movimiento adecuado; probamos diferntes pliegues y drapeados. Estas casas de venta masiva no tienen los estilistas top para ellos. Cuando quise hacer lo mismo que H&M en Lanvin el director me respondió que hay un límite. “Nosotros hacemos lujo, dejemos que ellos hagan sus prendas para vender masivamente, cada uno en lo suyo”, sentenció con razón.

-Con tanta trayectoria en firmas de lujo, ¿Cómo llegaste a Paule Ka que, si bien es de alta gama no es de alta costura?
-Cuando me lo propusieron me dije a mí misma que tal vez con esta marca yo podría poner en marcha todo lo que sabía hacer en el lujo y si bien no eran prendas para la venta masiva podía llegar a un público más extenso haciendo prêt a porter de lujo. Había aprendido que el atelier de Paule Ka era muy importante. Yo quería hacer prendas más democráticas, con menos lujo pero igualmente exclusivas. Aule Paule Ka reunía esas características.

-¿A qué público te interesa llegar?
-No vamos hacer prendas para las mujeres de 30 años o para señoras de 60 como se hacía antes. Nosotros decidimos no limitarnos y así ofrecer un guardarropa que puede ser tanto como para la madre como para la hija. Las dos van a estar muy chic y con productos de calidad pero uno no va a excluir el otro. Es una balanza difícil y complicada de gestionar porque vamos hacia una gran clientela de todo tipo.

-Con ese desafío en mente, ¿Cómo hace para mantener la identidad de la marca?
-Pienso que si los ejecutivos de la marca hubiesen querido seguir en el mismo camino, no me habrían llamado. El espíritu de la firma estaba declinando cuando llegué; cuando abrió Paule Ka no existían showrooms como Zara, H&M, Tara Jarmon o Vanessa Seward, entre otras, que impactaron fuerte en el modo de consumir moda. Cuando llegué a la firma tuve que pensar hacia donde queríamos encauzar la etiqueta.

-¿Te tienta volver a Italia?
-Hice la prueba de trabajar en Milán, pero es mucho más industrial. Hay un sello típico italiano pero en general no hay firmas que trabajen sobre el maniquí, algo que sí hacemos en Francia: crear volumen con trozos de tela y ver detalles al milímetro.

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