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01/12/2017

¿Quién es el muralista del que todos hablan?

Por Pablo Steinmann l Sus obras invadieron Palermo y también las redes sociales. En esta nota, descubrimos quién es realmente Guille Pachelo, el artista callejero que hizo de los mensajes de amor su marca de estilo.

Llega a la nota en su bicicleta Aurorita. Estamos en Palermo, sí, aunque para sorpresa de muchos, Guille Pachelo no sólo no nació acá (es de Morón) sino que hace rato se mudó al vecino barrio de Villa Crespo. Su firma, es cierto, puede verse a lo largo y ancho de las paredes palermitanas, acompañando las obras de su más reconocida serie Si vas a decir algo que valga la pena con la que salió a cantarle al mundo muchas de sus máximas.
“Flasheá amor”, “Amar garpa”, “Hacela corta, querete” y “Lo piola llega” son algunas de esas ya célebres (y muy compartida por redes sociales) frases. Con 31 años y a punto de convertirse en padre junto a su novia, la ilustradora y artista plástica Denise Rosas (@den.rosas), Pachelo va en camino a convertirse además en uno de los máximos referentes del street art local.

-¿Pensaste en algún momento en el anonimato?
-Mmm, quizá como un proyecto paralelo pero creo que jamás me hubiese convertido a mí mismo en un enigma. De hecho en estos últimos años mi idea fue la opuesta: dar la cara, mostrarme. No me resulta muy estimulante salir a dar un mensaje, pero hacerlo desde el anonimato. Siento que sería no hacerse cargo eso.

“No me resulta muy estimulante salir a dar un mensaje desde el anonimato. Siento que eso sería no hacerse cargo”.

-Suena a tiro por elevación a Banksy (el célebre artista británico)…
-Mirá, Bansky me parece realmente un artista genial, es increíble lo que hace y en cierta medida es un referente para muchos de nosotros. Dicho esto, creo que más allá de marketing que puede haber detrás de su decisión de mantenerse anónimo, creo que se trata de generaciones distintas. En los 80, en Inglaterra, pintar paredes no estaba para nada bien visto. La cárcel era una amenaza real para quien lo hiciera y entiendo que en ese contexto el anonimato era una salida más.

-¿Y cómo te cae que hoy el street art, en términos generales, sea algo tan aceptado?
-Muy bien. Yo busco crear y seguir creando y si hay medios para hacerlo, mucho mejor. La verdad es que no me enrosco en los supuestos purismos del arte callejero.

-De hecho pintaste para el Gobierno de la Ciudad y acabás de realizar una mega acción junto a la cerveza Sol…
-Tener sponsors te posibilita hacer cosas más grandes. Ya sean gobiernos o marcas, los auspiciantes hacen que tu arte crezca. Además, yo hago un mural pensando en la gente que va a pasar por ahí, intento enfocarme en eso, en cómo cambiarle su espacio, su día a día. No pienso que pinto para el macrismo o el kirchnerismo. Ni me alieno políticamente con nadie.

¿Qué fue lo más extraño que te pasó pintando en la calle?
-Uff, todo el tiempo suceden cosas en la calle, desde que te quieran pegar a que inviten a comer asado o te den su auto para que se lo pintes. Y eso es lo que lo hace interesante. El artista tradicional está solo en su taller. Salvo que sea muy reconocido y tenga ayudantes, en general su tarea es muy solitaria. En la calle, en cambio, el feedback es contante.

-¿Los que te quieren pegar suelen ser los dueños de la pared que intervenís?
-No, suele ser gente mayor, que no está acostumbrada a esto y que quizá te termina diciendo: “tienen que volver los militares…” A los dueños de las paredes siempre les consulto antes de pintar. Aunque hay una vieja máxima en el street art que dice: “es mejor pedir disculpas que permiso”… (sonríe)

-¿Tenés muchos sueños por delante?
-Sí, claro. Me encantaría viajar y sobre todo hacerlo con mi arte. Me gustaría que el día de mañana los argentinos se topen con un Guille Pachelo en Berlín, Nueva York, Barcelona o donde sea.

-¿Una muestra en un mueso no te desvela?
-Depende. No minimizo la labor de los museos para nada, creo que ayudan y mucho a la preservación y difusión del arte en general. Pero lo cierto es que hoy mi museo es la calle. En tren de soñar, si me ofrecés una muestra en el Moma o pintar dos edificios en Nueva York, me quedo con esto último.

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