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12/01/2018

Al Dakar, por amor

Por Pablo Steinmann I Oriundos de Santiago del Estero, y casados hace más de 20 años, María y Carlos se animaron, casi sin experiencia previa, a la aventura del Dakar. Con “muy poco a su favor”, van por el sueño de la meta final.

Un cielo con muy pocas estrellas y una luna casi apagada, que lucha, y pierde por goleada, frente a la opacidad de las nubes. Así, entre una oscuridad plena, avanza por las cercanías de Tupiza, Bolivia, la camioneta, una Nissan Frontier, de Carlos Alberto Villegas Agüero y María del Huerto Mattar Smith, el matrimonio santiagueño que se animó, allá por 2016, a lo que pocos creían posible: aventurarse en el Dakar sin ninguna experiencia previa. “No proveníamos del mundo del rally, ni de ninguna otra competición o carrera. Éramos simplemente dos apasionados del Dakar que luego de varias ediciones como espectadores nos dijimos: ¿y si pasamos al otro lado? Y lo hicimos”, cuenta María.

Aquella noche, que Mattar Smith relata con indisimulable orgullo, su labor como copiloto pasó una prueba de fuego: la de encontrar, a pura intuición y coraje (no se permite el uso de GPS en el Dakar), la ruta de salida de ese perdido paraje montañoso de Bolivia. “Realmente parecía imposible”, recuerda y completa con un dato esclarecedor: detrás de ellos, y esperando ser rescatado de esa incertidumbre, se alineó Tim Coronel, el piloto holandés que ya es toda una leyenda en esta competición. “Fuimos su guía casi todo ese tramo”, recuerda.

Ese fue el año del debut, el comienzo de un sueño que pervive hasta hoy. “Las dos primeras veces, 2016 y 2017, nos quedamos con muchas ganas de llegar al final, sobre todo porque en ambos casos nos faltó realmente muy poquito, dos tramos apenas. Esperemos que, como dice el dicho, la tercera sea la vencida. A esta altura, esa meta se transformó en nuestra gran obsesión”, comenta a la vez que confiesa que para muchos, ellos dos son una especie de rara avis del famoso rally. “Arrancamos sin experiencia, no tenemos sponsors (Carlos es dueño de una importante empresa constructora de Santiago del Estero) y además estamos casados hace más de 20 años. ¡Y nos llevamos 21 de diferencia! Todo extraño”, comenta y ríe. ¿Peleas en la cabina? Poco y nada, jura ella, y lo destaca con énfasis ya que enseguida admite: “No es fácil convivir en una competición así, donde la mayor parte del tiempo estás tensionado, con pocas horas de sueño y muchas de hambre… En el Dakar todas las emociones, incluso las peores, están a flor de piel. Con mi marido siempre bromeo al respecto: ‘si pasamos esto, creo que podemos pasar por todo”, asegura.

“En el Dakar todas las emociones, incluso las peores, están a flor de piel. A mi marido siempre le digo: ‘si pasamos esto, creo que podemos pasar por todo'”

Madre de Martina (17) y conductora de larga experiencia, jura que complementarse es clave y que hasta ahora jamás pensó en un cambio de roles en la cabina. “Manejar es fácil, lo realmente difícil es saber hacia dónde hacerlo”, afirma con picardía. La templanza, sentencia, es una de sus principales aptitudes. “En todo momento tengo que tener bien en claro que no corremos contra nadie más que contra nosotros mismos. Si te desesperás por ganar posiciones, perdés”, lanza. Enamorada de los paisajes de Bolivia y de la Puna argentina (“no hay nada como un largo y anaranjado atardecer de montaña”, sentencia), este año conocerá por fin las bellezas naturales del Perú, país que retorna al Dakar tras su fallido intento de hacerlo en 2016 (cuando debió bajarse a último momento por las inclemencias de la Corriente del Niño).

¿Su mayor disgusto hasta ahora? Las famosas “piedras perdidas” (más de una le impactó en la cara) y la falta de infraestructura para la mujer. “Si bien hubo algunos cambios, todo el sistema Dakar sigue siendo un sistema pensado para hombres. Los baños son el ejemplo más claro, nadie parece entender que nosotras solemos ir seguido y que tiene que haber una oferta sanitaria acorde a nuestras necesidades. La única forma de que nos tengan más en cuenta es seguir sumando mujeres a la carrera. Podemos ser minoría. Pero una minoría muy activa y participativa”, concluye.

Por la vencida
Esta es la tercera participación del matrimonio en el Dakar, competencia que aún no lograron cerrar por completo. “En ambas ediciones anteriores se nos quedó la camioneta faltando apenas dos etapas”, cuenta. Compiten en la categoría Coches con una Nissan Frontier. “En casa somos bastante fanáticos de los autos, tenemos un Porsche descapotable y una Hummer H1, con la que hicimos todos los intentos posibles para participar del Dakar pero por cuestiones regulatorias nunca se pudo. Ahora estamos enamorados de nuestra camioneta, la cuidamos como oro”, sentencia.

 

 

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