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07/04/2018

Mujeres poderosas le ponen música al Cirque du Soleil

Por Pablo Steinmann | Amaluna tiene un 70 por ciento de artistas femeninas pero en su orquesta musical ese porcentaje llega al cien. Las ocho integrantes comparten sus historias, visiones y sueños.

El propio camino de colchones te a va llevar”, nos dicen a la entrada de la carpa azul y amarilla, el tradicional “hogar” del Cirque du Soleil y de su nuevo show, Amaluna. Y en efecto, luego de pasar la trastienda, donde se mezclan lavarropas a todo andar, costureras ultimando detalles y atletas entrenando, llegamos al living donde toda la banda se prepara para hacer la prueba de sonido final antes de una nueva función. Son, en total, ocho mujeres, y entre todas reflejan uno de los rasgos salientes de Amaluna, el espectáculo más femenino de la compañía canadiense. Su rol, además, es esencial ya que a diferencia de otros shows, acá la música en vivo tiene un protagonismo notorio, como lenguaje y también como espectáculo visual, ya que cada una de ellas interactúa con los acróbatas de diferentes maneras (algunas incluso realizando sus propias piruetas).

La primera en saludar es Amanda Zidow, que no sólo compone a Próspera en el show sino que también toca el chelo, instrumento que domina desde hace muchísimo tiempo. “Provengo de una familia de artistas, mi madre, que era pianista, nació en Colombia donde tenía una orquesta con todos sus hermanos. Eran muy exitosos”, cuenta y agrega: “Mi formación siempre estuvo relacionada a la música clásica. De chica yo también quería pertenecer a una orquesta. Y lo logré, formé parte de una durante muchos años pero después de mi primera gran gira, por Asia y Europa, me di cuenta de que quería algo distinto”. Primero probó con géneros como el rock, el pop e incluso el melódico (fue parte de la banda de Marco Antonio Solís) hasta que un día tuvo su gran epifanía: “Fui a ver La Nouba, el show que el Cirque tenía en Orlando y descubrí que allí había muchísimo músicos en escena. ‘Puede que sea esto lo que estoy buscando’, pensé”, recuerda. Sin dudarlo, se anotó en las audiciones que la compañía estaba haciendo en su Los Ángeles natal. “Desde entonces, soy parte de esta familia. Y soy feliz. En una orquesta, o en una banda, podés estar rodeada de excelentes músicos, sin duda, pero acá convivís todo el tiempo con acróbatas, contorsionistas, comediantes… ¡Y de todo el mundo! Es un ambiente muy estimulante”, señala.

A su manera, Amanda refleja el recorrido de muchas de sus colegas, que durante sus comienzos jamás imaginaron una vida circense. A Rachael Wood, inglesa y guitarrista por vocación, el rock se le nota en cada gesto. De chica, de hecho, quería ser como Jennifer Batten, la célebre guitarrista de Michael Jackson. “Después me formé como sesionista, así que para mí el circo fue toda una sorpresa. Y un cambio rotundo de vida”, asegura. Didi Negron, nacida en Puerto Rico. “Llevo la música en la sangre, hace años que soy baterista y llegué acá luego de pasar un largo proceso de audiciones al que ingresé porque me intrigaba mucho que sólo buscasen músicas mujeres. Para mí, eso ya era interesante de por sí”, comenta.
Nacida en Montreal, Marie-Michelle Faber es quien rompe un poco la norma. No sólo es la única que se formó como acróbata (luego estudió canto) sino que también es la única madre del grupo. Su hija se llama Asa, tiene cuatro años y medio, y estará junto a ella y su marido, técnico de sonido del show, durante toda la gira sudamericana. “No te lo voy a negar, es un verdadero desafío criar a alguien en medio de un tour, pero lo disfrutamos mucho. En primer lugar, ella ya que es muy curiosa y despierta. Apenas llega a un lugar nuevo enseguida busca enterarse de todo. Le gusta saber, conocer, ver…”, relata. En dos años la pequeña (que habla inglés, francés y está aprendiendo español en un jardín de la ciudad) entrará a la escuela primaria, momento que Marie-Michelle imagina como bisagra. “Hace 20 años que trabajo en el circo. Amo esta vida, pero creo que para ese entonces será mejor buscar un show estable, donde todos podamos echar raíces por un rato”, comenta.

“Es un momento muy importante para mostrar la fortaleza de las mujeres y su enorme capacidad para inspirar y conmover”.

Se acerca la hora del ensayo final y cada una busca su instrumento. La camaradería entre ellas es evidente. “Estoy feliz de que exista un show como Amaluna, especialmente en este momento, en el que están sucediendo tantas cosas a nivel mundial en torno a las mujeres. Es un momento muy importante para mostrar nuestra fortaleza y nuestra capacidad para inspirar y conmover”, señala Amanda. “Es hermoso poder dar hoy en día un mensaje de empoderamiento femenino”, comenta Casandra Faulconer, oriunda de Canadá y encargada del bajo. Nacida en Guam, la guitarrista Rose-Ana Laguana acota: “En mi país tenemos una larga tradición de sociedad matriarcal y al día de hoy hay muchísimas mujeres en cargos importantes en la isla. Me crié rodeada de mujeres y en ese sentido ser parte de este show me hace sentir muy pero muy cerca de casa”, dice y enseguida sonríe ante el repentino aplauso de todas.

 

 

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