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01/07/2018

“Sueño con ser el Jimmy Fallon argentino”

Por Malen Lesser lProtagoniza el musical Sunset Boulevard y es locutor estrella. Además, es chef aficionado, flamante padre y artista todoterreno. Imperdible charla con un talento argentino que brilla dentro y fuera de escena.

Describir a Mariano Chiesa (37) es como intentar darle forma a un estado de metamorfosis. Multifacético es su adjetivo más acertado. A lo largo de la conversación cambiará la voz infinitas veces para traer a los personajes que componen su vida o acerca de los que refiere una anécdota. Es inquieto, carismático, entrañable y talentoso. Pero aparte parece inclasificable a la hora de definir si es actor, cantante, locutor, empresario o todo eso junto. Por el momento, brilla como figura del musical Sunset Boulevard (Teatro Maipo) junto a Valeria Lynch y Rodolfo Valss. Pero además es la voz de casi todos los productos de Arcor, Quilmes, Personal, Frávega, entre otros. Con proyectos de trabajar en el exterior y una tira de Nikelodeon al aire en Telefé, Kally´s Mushup, sólo algo es seguro: su sueño no tiene límites geográficos ni de formato, pero está ligado a la voz, las luces, las cámaras y los escenarios que lo hacen tan feliz. Como su mayor éxito: su hija Matilda de 9 meses que tuvo con su mujer Eliana Trotta (dueña de Pani y con quien creó el Foodtruck Crocakes by Pani).

-¿Cómo llegás a Sunset Boulevard?
-Lino Patalano (el productor) me llamó para audicionar, quedaron tres Joe Gillis (el protagónico masculino) y hubo que enviar los seleccionados a Londres para que Andrew Lloyd Weber eligiera y…resulté yo.

-¿Qué se siente que en tu cuarta obra de teatro te de el papel el mismísimo y famoso Weber, creador de éxitos como Cats y El Fantasma de la Ópera?
-Fue una felicidad progresiva y estresante. Cuando salió la propuesta y quedé estaba en Casi Normales, Los Mounstros y Kally´s Mush up, necesitaba permiso de todos para poder hacerlo. Así que fue consulté con mi astrólogo y él me dijo que era ahora, tiré la bomba en todos lados a la vez, me odiaron al unísono, pero encontramos la manera de hacerlo y acá estoy.

-¿Disfrutando o todavía estresado?
-(Risas) Hasta hace poco de 7 a 12 grababa la serie, a la 13 llegaba al Maipo, ensayaba hasta las 19 y hasta las 12 de la noche tenía Casi Normales. De ahí a casa a grabar y enviar por mail las publicidades, dormía 3 o 4 horas y a las 6 otra vez arriba. Fueron meses de un ritmo intenso. Pero lo re disfruto, amo lo que hago.

-¿Y qué hace que una persona quiera dormir tres horas
y trabajar así?
-Los sueños pueden ser inmensos y las ganas de alcanzarlos también. Sueño con esto desde que tengo 4 años. Vivir de esto, ser popular en el marco de un prestigio a base de laburo, la felicidad para mí es un fresnel encegueciéndome con su luz. Cuando era chico, recuerdo que me quedaba mirando fijo los azulejos de la casa de mis papás e imaginaba las luces que me iluminan hoy al salir de cada función. Como un flashfoward, algo que me llevaba ahí y adelantaba como una visión.

-¿Tenes referentes a los que admirás o te querés parecer?
-Me encantaría tener le prestigio de Juan Alberto Badía, la ductilidad del genial Fernando Peña, con quién trabajé en radio, y la visión empresarial de Marcelo Tinelli. Como carrera, me gustaría ser el Jimmy Fallon argentino. Es enorme para mí, el gran maestro.

-¿Qué actividades te relajan o a cuáles recurrís para bajar a tierra?
-Descubrí la meditación gracias a mi suegra. Incluso hay una aplicación que te permite hacer rápidamente donde estés sesiones de distinta duración, antes de salir al escenario en Casi Normales lo hacía. Ahora recurro a la rutina con pesas porque salgo en zunga a escena y… bueno, soy coqueto.

-¿Sos de ponerte triste o deprimirte por algo?
-Sí, cuando el director (Claudio Tolcachir) hacía 40 notas y 38 eran correcciones para mí, llegaba a mi casa y mi mujer me consolaba (ríe). El proceso creativo a veces tiene esos momentos dramáticos que son necesarios. Después eso mismo te da fuerza para atravesarlo y si fuera fácil no sería disfrutable. En mil aspectos las crisis o momentos de tensión son necesarios para tomar carrera, atravesarlos y salir fortalecido.

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