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09/10/2018

Obesidad infantil: el fantasma del futuro cercano

Por Sabrina López Rodríguez| Según la Organización Mundial de la Salud, para el 2020, las enfermedades relacionadas con la nutrición serán unas de las principales causas globales de mortalidad debido al alto porcentaje de consumo de alimentos baratos y ricos en calorías, como por ejemplo las comidas rápidas.

La Argentina está atravesando un proceso de transición nutricional caracterizado por cambios en la alimentación y modificaciones en el estilo de vida, afectados por las condiciones socio económicas de las últimas décadas. Esta transición pone hincapié en el notable aumento de sobrepeso y obesidad resultado de la globalización, debido al consumo masivo de alimentos industrializados.

El aumento de la obesidad y el sobrepeso en la población es una realidad  que va en aumento, basta pararse en un semáforo y ver cuántos de los que cruzan están excedidos de peso. Lo que más preocupa es que cada vez son más los chicos con sobrepeso, que en gran porcentaje serán futuros obesos. Esto acarrea graves problemas de salud personal y pública ya que las enfermedades como diabetes, colesterol, hipertensión generan enormes gastos“, explica Ana Chezzi, Licenciada en Nutrición.

La Dra. Analia Santa Maria, coordinadora de terapia intensiva de la Clínica Trinidad Mitre, cree que para hablar de obesidad debemos tener presente que es una enfermedad, de incidencia creciente y que afecta a todos los rangos etarios y estratos sociales: “Cada día existen más niños que padecen de sobrepeso y obesidad, con un alto impacto a nivel físico con dificultades en la realización de actividades regulares a su edad y las enfermedades asociadas que pueden desarrollarse. Pero no solo la salud física se altera, la obesidad en la niñez y la adolescencia genera trastornos emocionales y de relación con los pares, afectando la autoestima, formación de vínculos sólidos y desarrollo personal y social. En los adultos la obesidad es uno de los factores de riesgo más importantes en la mayoría de las enfermedades cardiovasculares y genera un aumento en la morbimortalidad de muchas otras patologías.

Dentro de los cambios de hábitos alimentarios que más se destacan encontramos el consumo de alimentos procesados y ultraprocesados, alimentos ricos en sal, carbohidratos simples y azúcares refinados, entre otros“, explica Rocío Emme, Nutricionista con Orientación Clínica y cree que el exceso de peso está determinado a su vez por la disminución de la actividad física debido a estilos de vida más sedentarios, producto del uso masivo de la tecnología y de la urbanización: “Un claro ejemplo es la disminución de actividades recreativas y deportivas en los más chicos, reemplazados por la televisión y los videojuegos”.

Desde la Organización Mundial de la Salud afirman que la obesidad es la primera enfermedad crónica no transmisible (ECNT) considerada epidemia global, lo que genera un importante impacto a nivel de la salud pública. Las ECNT que tienen larga duración con una evolución generalmente lenta entre ellas la diabetes, las enfermedades cardiovasculares como la hipertensión y el cáncer, son una de las principales causas de muerte en la Argentina, donde la dieta representa uno de los factores de riesgo más importantes.

El patrón alimentario de nuestro país está representado por alimentos ricos en grasas y azúcares, elevado consumo de carnes y cereales, como pan y productos de panadería y pastelería y déficit de frutas y verduras. Sumado a esto, encontramos una fuente importante de azúcar a través de las bebidas azucaradas, responsables de estos excesos de peso.

Hoy en día, existe un porcentaje alto de consumo de alimentos baratos y ricos en calorías. En contra posición a esto, actualmente también se observa entre los adolescentes un auge de la cultura “fit”, caracterizado por el consumo de carnes magras, huevos, frutas, verduras y cereales integrales, con diminución de grasas saturadas y azúcares refinados, y la realización de actividades físicas que impliquen un importante gasto de energía.

Debido a estas dos posturas es importante orientar a la población a realizar una alimentación variada, promoviendo hábitos saludables, con cambios alimentarios y realización de actividad física diaria para que repercutan en su salud favorablemente y disminuya el porcentaje de las ECNT.

Un problema de todos
Según Chezzi cambiar estos hábitos alimentarios requiere de un esfuerzo personal, pero también de otro por parte del Estado: “Una toma de conciencia a nivel macro sería poder incorporar en las escuelas actividad física, pero no una vez a la semana, si no de manera diaria. Además, se podría incorporar una materia que hable sobre el cuidado de la salud y que trate temas como prevención de enfermedades, salud sexual, alimentación, deportes, entre otros”.

M. Julia Neira, Licenciada en Psicología bariátrica, Coordinadora de Salud Mental en Obesity Care, también considera que las políticas públicas pueden ayudar: “Desde el Estado con campañas de prevención y promoción de la salud, asistiendo a los centros de atención con recursos humanos formados y capacitados para el adecuado tratamiento de la obesidad y sus enfermedades asociadas. Los argentinos necesitan informarse y conocer mucho más sobre esta epidemia que está perjudicando a miles, por el momento de manera silenciosa y solapada. Las intervenciones quirúrgicas como tratamiento para la obesidad, están mostrando muy buenos resultados en revertir cuadros de diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, entre otras. Como psicóloga, en todos estos años, he evaluado a personas candidatos a estas cirugías y he tratado las causas de su obesidad, la necesidad de cambiar hábitos y el mantenerlos para poder tratar esta enfermedad a largo plazo“.

Cambio de hábito
Como todo hay que empezar por casa: “Los padres tenemos que tener en nuestras mesas productos saludables. Si yo tomo gaseosas todos los días, no puedo pretender que mi hijo tome agua, si no como verduras y frutas difícilmente el chico las conozca, si no planifico la alimentación de toda la semana llega la noche y no hay nada para comer entonces  pido empanadas o como fideos con manteca“, explica Chezzi y añade que hacer un guiso es más saludable, con menos grasa, y aún mejor si le incorporamos verduras o legumbres con cereal que son una excelente fuente de proteínas.

Desde el aspecto de la psicología, Neira cree que si bien cada familia tiene su rutina y sus hábitos de vida, se puede trabajar para cambiarlos: “Revisar nuestra forma de vida, detectando cuáles son los factores y conductas o comportamientos que contribuyen al desarrollo de la obesidad. Los padres como modelos necesitan transmitir nuevas elecciones, organización de compras, planificación de comidas y diagramas de actividades, donde se integren hábitos saludables. La comunicación y diálogo entre los padres es fundamental para que aquello que se establezca se sostenga en el tiempo y no haya lugar a confusión ni contradicciones con sus hijos. El mensaje debe ser coherente y claro, con palabras simples y de fácil entendimiento para los infantes“.

Santa María, afirma que para  generar un cambio desde el hogar y a nivel social hay que educar: “Desde pequeños debemos generar conciencia de la importancia de mantener al cuerpo sano, debemos informar a los niños cómo es el funcionamiento del organismo y las dificultades que se presentan ante la ausencia de salud. Se debe educar sobre los alimentos, sobre los beneficios de una dieta saludable y cómo distinguir aquellas comidas carentes de nutrientes y de calorías pero minadas de conservantes. Remarcar el tamaño de las raciones que se sirven en el plato, aumentar el consumo de vegetales y fomentar la fruta como postre.  Debe reforzarse a toda edad que somos lo que comemos. El cuerpo no genera ningún tipo de nutrientes por sus propios medios, solo transforma lo que consumimos según las necesidades del momento. Sería ideal generar conciencia de que los daños instaurados no se revierten“.

Podemos decir que los especialistas de la salud en sus distintas ramas coinciden en que tomar conciencia, educar y cambiar hábitos negativos para incorporar una buena alimentación y actividad física es, en buena medida, lo que podemos hacer desde casa para evitar un problema con consecuencias que repercuten en todo nuestro organismo así como en nuestras emociones. Esto, junto con una fuerte intervención de parte del Estado con campañas de concientización podría ser la manera de controlar una epidemia silenciosa que nos afecta a todos en mayor o menor medida.

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