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27/10/2018

Jane Fonda: “Me siento una voz de cambio”

Mariano Ojeda (desde Los Ángeles)| Su cara es un ícono tanto de belleza como de lucha. A punto de estrenar un documental sobre su vida, la actriz conversó en exclusiva con Luz sobre las personas que la marcaron y sobre cómo se planta hoy, a sus increíbles 80, frente a un mundo muy desigual.

De actriz menospreciada a símbolo sexual, de “hija de” a superestrella mundial, de pionera fitness a militante política, todo eso engloba la figura de Jane Fonda que, con 80 años, es una de las leyendas de Hollywood más prolíferas, inquietantes, bellas y amables aún en actividad. El próximo 5 de noviembre, a las 22, HBO estrenará Jane Fonda in five acts un documental dirigido por Susan Lacy e inspirado en el libro autobiográfico que la actriz lanzó en 2005: “Me hizo sentir segura que ella lo hiciera, porque soy admiradora de su trabajo”, destacó Fonda a Revista Luz durante una de las jornadas del último TCA (Television Critics Association) en Los Ángeles.
Ganadora de dos Premios Oscar, no sólo es reconocida mundialmente por su carisma y belleza, sino también por su faceta social. Desde muy joven se ha enfrentado a diversos políticos de peso, desde Richard Nixon a Donald Trump, pasando por George W. Bush. También fundó, a fines de los 70, un centro de aerobics en Beverly Hills para recaudar fondos para diferentes causas. Como consecuencia, fue tentada para protagonizar videos de aerobic que fueron distribuidos en el por entonces revolucionario formato VHS y grabados entre 1982 y 1985. Se vendieron más de 17 millones de copias.
Su vida personal tampoco tuvo pausa. De relaciones conflictivas, estuvo casada en tres oportunidades y es madre de tres hijos. Hoy su energía se reparte en ellos y en su renovada militancia feminista. “Trabajo muy duro para saber cómo hablarle a la gente sobre la lucha de las mujeres”.

-¿Cómo fue para vos que hagan un documental sobre tu vida?
-Si bien yo escribí el libro que sirvió de base, me sorprendió bastante ver lo controversial que fueron algunos pasajes de mi vida. El único pedido que hice a Susan (Lacy) fue que no haga una película sobre “una estrella de cine”. Creo que cumplió.

-¿Te ves como una voz necesaria en aquellos inicios y en la actualidad?
-Me siento una voz de cambio. Y una voz positiva. Hace un par de meses, por ejemplo, fui a Michigan con Lily Tomlin –su amiga y partenaire en la comedia Grace and Frankie– a hablar con los trabajadores de restaurantes que luchan por un salario justo. Estoy muy involucrada en varias causas y lo que más me interesa es el trabajo puerta a puerta. A veces, me toca hablar con gente que votó a Trump y no digo nada malo sobre él, ni sobre Fox News, porque se encienden rápido. Creo que debemos salir de nuestra burbuja y hablar con gente que no esté de acuerdo con nosotros.

-Acerca del Time’s Up y Me Too, vos sos parte del movimiento feminista desde antes que tenga un nombre. ¿Te ves como parte de ellos hoy?
-Totalmente. El Me Too es un movimiento sobre víctimas siendo escuchadas, mientras que el Time’s Up es sobre qué vamos a hacer al respecto. Cuando estábamos en los inicios del Time’s Up, la Alianza Nacional de Campesinas nos escribió una carta que empezaba con el “Queridas hermanas” que fue realmente transformadora. Nos hizo dar cuenta de que sus voces no estaban siendo escuchadas. Me gusta ir adonde están esas mujeres, las más vulnerables y olvidadas.

-El mundo piensa que sos hermosa. ¿Pensás que por cómo lucís la gente quizá no te tomó tan en serio al principio?
-Si la gente me hubiese tomado en serio al principio de mi carrera hubiese pensado que estaban locos… (sonríe). Ni yo misma me tomaba en serio en aquel entonces. Era una persona ordinaria, una chica linda a la que le daban papeles de “la chica de al lado”. Fue así hasta que me mudé a Francia y me casé con (Roger) Vadim, y comenzó a darme papeles de “sexy”. Ese fue el comienzo.

“Si la gente me hubiese tomado en serio al principio de mi carrera hubiese pensado que estaban locos… Ni yo misma me tomaba en serio en aquel entonces”

-¿Sentiste en algún momento culpa por ser una privilegiada?
– Sí, y la superé. Estoy feliz por las ventajas que he tenido, me ayudaron mucho. Pero si sos activista, debés superar los prejuicios que la gente tiene sobre vos. Trabajo muy duro en saber cómo hablarle a todos, a los trabajadores votantes de Trump, a los antifeministas… Toma trabajo hacer eso. Y sinceridad. Pero creo que en definitiva me ha hecho una mejor persona. Mis 20 años en el sureste, en Georgia, fueron muy importantes. Los Ángeles y Nueva York son una elite, es la verdad. Pero cuando vas a un lugar como Georgia, debés aprender a escuchar diferente. Con mucha compasión y empatía. Le agradezco mucho a Ted Turner el haber pasado 20 años ahí. Hizo una gran diferencia en la superación de mis privilegios.

-¿Con qué cosas soñás hoy? ¿Más éxito, amor, proyectos propios…?
-Hace poco di un discurso para 1500 personas acerca de cómo envejecer exitosamente. Y tiene que ver con todas las cosas que realmente importan: amor, sexo, familia, niños… Más allá de eso hoy me siento feliz ayudando a las mujeres. Y también a los hombres, porque aunque suene extraño, creo que es más difícil ser hombre hoy. Al menos en Estados Unidos, donde desde muy pequeños les dicen que no lloren, que no demuestren emociones, que no pidan ayuda… Lentamente les separan el corazón de la mente. No es que las mujeres seamos mejores, sencillamente no tenemos que probar nuestra “masculinidad” a cada paso. Es más fácil para nosotras ser un todo. Esa es una gran ventaja.-

 

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