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20/02/2019

Actualidad

Adiós vacaciones, ¿y ahora?

Por Carina Etchegaray | Empieza la cuenta regresiva para que los chicos retomen las clases y todas las actividades extras que suelen completar un típico día lectivo. ¿Cómo motivarlos para que el regreso al cole sea todo un éxito? ¿De qué manera la rutina puede convertirse en motor del aprendizaje?

Adiós a la playa, a la siesta, a no tener horarios, a comer lo que se quiere y cuando se quiere, a jugar sin límites y disfrutar de la ausencia de obligaciones y responsabilidades. ¡Bienvenido 2019! Porque, aunque el calendario marque el 1 de enero como el inicio, todos sabemos que el año realmente comienza cuando los chicos vuelven a la escuela. Más allá de la ilusión de estrenar cartucheras,
cuadernos y útiles y, por supuesto, reencontrarse con los amigos, la vuelta al cole puede convertirse también en algo tedioso para nuestros chicos, a menos que sepamos organizarnos y tengamos a
mano ciertas herramientas. “Lo más conveniente es volver a casa con suficiente tiempo, por lo menos dos o tres días deantelación, ya que el regreso el día previo al inicio de clases -con la intención de aprovechar hasta el último minuto las vacaciones-, suele provocar
cansancio y mal humor en los niños y agobio innecesario para toda la familia”, explica María Noel Lucano, licenciada en Psicología y especializada en coaching ontológico. También es positivo no comenzar con todas las actividades de golpe, no sobrecargar la agenda. “Ir escalonando las obligaciones, sin estresar a los chicos de entrada, y trasmitiéndoles que no todo tiene que estar perfecto el primer día de clase. Tienen que tener tiempo para jugar o para no hacer nada, el ocio también es creativo”, aclara por su parte la psicóloga Beatriz Goldberg, especialista en familia y autora de cómo estimular aladolescente de hoy (Editorial Lumen). Entonces, retornar al hogar contando con un tiempo necesario para reacomodar horarios, rutinas y hábitos ayuda a retomar las actividades de una forma menos abrupta y, por ende, menos chocante.

“Ir escalonando las obligaciones, sin estresar a los chicos de entrada, y trasmitiéndoles que no todo tiene que estar perfecto el primer día de clase. Ti enen que tener tiempo para jugar o para no hacer nada”.

Sí a la rutina
Como todo lo nuevo, un año que se inicia genera expectativas y ansiedad por lo desconocido. Pero, también, ilusión por lo que vendrá. Esta realidad ¿cómo se lleva con las rutinas? Aunque tengan mala prensa, los hábitos y las rutinas no son tan negativos como parece, por el contrario, son de vital importancia para los chicos.
“Les permiten sentirse seguros, aportan regularidad, constancia y perseverancia, algo que será muy útil en su desarrollo hacia la vida adulta”, subraya el Dr. Claudio Waisburg, especialista en Neurociencias y director médico del Instituto Soma. ¿Cómo se consigue introducir al niño en el mundo de la seguridad, los límites y el conocimiento de su entorno? Justamente, a través de las rutinas
y los hábitos. “Esta es la manera de ofrecer a cada pequeño un ambiente de estabilidad, en el que podrá aprender y ser educado de forma constructiva, formando una personalidad segura y consciente.
Serán capaces de conocer y desarrollar sus destrezas, potenciando la curiosidad y la exploración”, agrega.
Activar las neuronas
La característica principal del cerebro humano es que está diseñado para aprender: el aprendizaje lo modifica y, esos cambios, vuelven a modificar el proceso de aprendizaje. Como todos nuestros órganos,
está en continuo cambio, su organización sufre profundas modificaciones en función dela experiencia personal, es lo que se llama neuroplasticidad o plasticidad cerebral.
Por “dentro”, en el cerebro se crean nuevos circuitos cerebrales, formados por grupos de neuronas con diferentes funciones que van sincronizándose, en los que se depositarán estos nuevos aprendizajes. Durante la infancia, el aprendizaje es máximo y fundamental para la supervivencia. Como explica Waisburd,
“en el proceso de Neurodesarrollo observamos cambios extraordinarios que traducen la enorme organización
que sucede en las redes cerebrales. Solo recordar que el 80% del crecimiento cerebral se produce en los tres primeros años de vida, los que tardamos en aprender a caminar, hablar y controlar esfínteres. Pero el cerebro no deja nunca de aprender, ni de olvidar. Es un órgano práctico: lo que usamos con frecuencia se guarda en la memoria, lo que no tiene utilidad se olvida”.De allí que aprovechar la rutina desde el primer día de clase es central. La clave es encontrar el punto medio para que no atrape ni aburra a los chicos.

“Las rutinas no son tan negativas como se cree, por el contrario, son de vital importancia para los chicos. Les permiten sentirse seguros, aportan regularidad y constancia”.

“El éxito está en saber cuándo romperla. Cambiarla cuando convenga para mejorarla. Un ejercicio de verdadero crecimiento personal. No se trata de crear ´máquinas de estudio´, se trata de que los niños aprendan a ser críticos y a pensar de forma original”, reflexiona el especialista. Especialmente en los más chicos, la curiosidad y la novedad juegan un papel fundamental en todos
los procesos y situaciones que enfrenten. Por eso, el cerebro no soportará estar aburrido o inactivo porque está diseñado para tomar decisiones, para buscar novedades, hacerse preguntas y probar alternativas diferentes. Visto desde “dentro”, el cerebro integra rápidamente y con eficacia asombrosa la información
nueva y la contrasta con la que tiene. Un circuito neuronal ya  consolidado se beneficiará del estímulo novedoso sin necesidad de crear una red nueva para cada aprendizaje. Y, concretamente, el aprendizaje se encarga de conectar unas zonas del cerebro con otras facilitando la comunicación entre ellas, creando atajos y nuevas
autopistas. Esto mejora la calidad del análisis, la asociación de ideas y la toma de decisiones, y evita al máximo el error. Convierte a los chicos en adultos creativos e independientes. Está en nosotros, los padres, ayudar a nuestros hijos en este camino.

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