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03/05/2019

Chica de Tapa

Manuela Pal: “Soy celosa y novelera, un combo fatal”

Por Pablo Steinmann | Hija y nieta de artistas, la actriz acaba de volver al teatro, con la obra Perfectos Desconocidos. En esta nota, nos habla de su carrera, de las presiones del medio, de la maternidad y del amor y los celos en tiempos de Instagram y WhatsApp.

Perfil bajo, familia de artistas (mamá Graciela Pal y abuelo Pablo Palitos) y una larga y prolífica carrera en televisión y teatro no alcanzan para resumir los 34 años de esta singular actriz, que además de ser muy talentosa tiene una marcada predilección por la simpleza y eso que durante años se llamó “la cultura del trabajo”. Debutó a los ocho años (junto a su madre en la telenovela Coraje mamá) y desde entonces no paró más. Trabajó en una veintena de tiras y ficciones, muchas de ellas verdaderos éxitos como Chiquititas, Son de fierro, Casi Ángeles, Herederos de una venganza, Amar después de amar y Cien días para enamorarse. Hizo de mala, de heroína, de mejor amiga, de enamorada y de engañada, por citar alguno de sus roles más recientes. En pareja hace casi una década con el asistente de dirección Gonzalo Díaz Servidio, en la Navidad de 2015 se convirtió en mamá de Amparo, una niña que, asegura, ya se perfila para continuar con su linaje artístico.

-Acabás de volver al teatro, con la obra Perfectos desconocidos
-Sí, fue una vuelta sorpresiva y prácticamente de urgencia. La verdad es que no estaba haciendo nada, disfrutando de mi vida y de la adaptación al jardín de Amparo y de repente me llamaron de la producción de la obra para sumarme en dos semanas (¡sí, dos semanas!) al elenco. Dije que sí y enseguida tuve que ponerme a trabajar. Ensayé sola con Tomás Fonzi (también nuevo en la obra) esas dos semanas y un día solo con todo el elenco. Y así salimos a la cancha, un poco temblando pero contentos.

-¿Qué es lo que te salva en esas ocasiones, el oficio?
-Supongo que sí. No es la primera vez que me pasa, me sucedió hace unos años cuando grababa Herederos de una venganza con Benja Vicuña y de la nada me dijo: “¿cómo te ves actuando en La Celebración (obra que él producía) el próximo lunes para el estreno de prensa?” Creí que era una joda pero no, era real; como Juana Viale se había enfermado me pedía que hiciera ese reemplazo puntual de urgencia. “¿Estrenar en tres días? ¿Y para prensa? Ni loca”, le respondí. Por suerte, tanto mi mamá como mi marido, en ese momento mi novio, me motivaron mucho y finalmente acepté. Y salió bien. Yo creo que es oficio y también comprometerse al ciento por ciento. Con esta obra, por ejemplo, me la pasé hablando sola en casa, estudiando la letra. Mi hija me preguntaba: “mamá, ¿con quién hablás…?” (risas)

“Jime Barón se las bancó todas. La recontra admiro. Yo me iría llorando a mi casa si me dijesen la mitad de cosas que le dicen a ella…”

-¿Te interpela el juego que funciona como disparador de la obra?
-Me parece que a todos nos interpela, ¿quién puede escaparle a este mundo dominado por celulares? (ríe). Fuera de broma, estás en cualquier parte del mundo y alguien te habla por WhatsApp y enseguida estás obligada a contestar. Si no, te reclaman, “¡me leíste!”, te dicen. Y si desactivás las tildes azules enseguida te acusan de tramposa. ¡No hay salida posible! Con el celular todo lo que hagas y digas será usado en tu contra. Por eso creo que nunca jugaría al juego que plantea la obra, el de dejar tu celular abierto para que todos sepan qué ocurre allí… Y tampoco me interesaría ver el celular de mi marido. Soy muy celosa, y las redes y chats de hoy se prestan a cualquier tipo de malinterpretación…

-No te imaginaba celosa…
-Lo soy. Y muy novelera además, una combinación fatal. Me armo películas de cualquier cosa. Por suerte, él es mucho más relajado que yo en ese sentido. Jamás me hizo una escena por mi profesión, por ejemplo.

-Y eso que ustedes son un poco como los médicos de guardia, el imaginario social jura que están todos con todos…
-(Sonríe) El mundo de las guardias lo desconozco, del de la actuación solo puedo decir que no es mi caso. Solo tuve un novio actor, y fue hace un montón de años. Lo cierto es que no me atraen los actores. Con mi familia (mamá, abuelo y muy probablemente, hija) ya tengo más que suficiente… En serio lo digo, esta es una profesión muy intensa, difícil de seguir, de mantenerse… Todos los años tenés que renovarte de alguna manera, ya sea con el pelo o con algún otro cambio. Es muy inestable todo. Y a eso sumale el tema del ego, que es importante.

-¿Vos sos egocéntrica?
-Me pasa algo extraño con eso: me siento mucho más segura como actriz que como mujer. Es loco, pero en mi profesión avanzo más a paso firme mientras que en mi día a día soy mucho más insegura, miedosa… Mi carrera es mi gran baluarte.

-Llama la atención el hecho de que nunca utilizaste atajos en tu carrera, siempre un perfil bajo y mucho trabajo…
-Es que para mí la actuación tiene que ver con eso. No tanto con estar, mostrarse y figurar. Yo puedo pasar una semana entera sin subir nada a Instagram pero siempre aparece alguien que me dice: “che, ¡no podés! Tenés que mostrarte más”. Y lo acepto y termino subiendo algo, pero la verdad es que cuando estoy en casa no me dan ganas de maquillarme para hacer una foto. Mi vieja también era así y ella me cuenta que su padre intentaba convencerla de lo contario, al igual que ella hace ahora conmigo cuando me dice: “¡andá a los estrenos, mostrate, aparecé más! Pero no me nace. Muchísimo menos protagonizar algún escándalo mediático…

-¿Irías a un Bailando…?
-Me encanta bailar, creo que me daría mucho miedo. No es fácil subirse a ese tsunami mediático. Hoy en día la veo a Jime Barón que la rompió en ese programa y que se reinventó a full para ese lado y me parece lo más, la recontra admiro. Se bancó todas. Yo me iría llorando a mi casa si me dijesen la mitad de cosas que le dicen a ella…

“El primer mes de Amparo fue muy difícil. Mi cuerpo estaba roto. Literalmente. Y en el medio, tenía que surfear la crisis más emocional, la de aceptar que todo había cambiado”

-Hablando de tu casa, tu marido es padre de dos hijas, una de 17 y otra de 20… ¿Cómo llevan esa familia ensamblada?
-Bien. Estoy acostumbrada a los ensambles, mis papás se separaron cuando yo era muy chica y ambos rearmaron luego sus vidas. Igual eso fue como hija, ahora es diferente ya que estoy del lado de “los adultos”…. Cuesta, te tenés que adaptar a otro modo de crianza, a otros tiempos, otras necesidades… Nuestras vacaciones o escapadas jamás son tranquilas, siempre hay mil frentes que atender.

-¿Y la pareja cómo se adapta a ese familión?
-Y… como se puede… Al principio fue difícil. Cuando nació Amparo te juro que me pregunté: “¿así es la vida de ahora en más?”. De verdad me asusté, pero porque tuve un parto muy difícil, la pasé mal, no vino la partera, me dolió mucho todo el proceso y terminé en una cesárea horrible e innecesaria. El primer mes me la pasé doblada de dolor. Literalmente. Mi vínculo con ella re bien, se prendió a la teta sin problemas, pero mi cuerpo estaba roto. Y en el medio, tenía que surfear la crisis más emocional, la de aceptar que todo cambia y que la palabra madre es la que ahora más me define. El tiempo, por suerte, fue encauzando todo. Y Gonzalo fue un sostén grande en todo ese proceso.

-¿Es cierto que tu hija ya tiene una marcada inclinación artística?
-Lamentablemente tengo que decirte que sí. Ama posar todo el tiempo y tiene un oído increíble para la música. El otro día la llevé ver Cabaret, donde actúa mi mamá, y al día siguiente le comentó las tres
canciones que ella canta. Ama ir al teatro. “Ahí hay que hablar en silencio”, me dice siempre… Y una cosa más, apenas ve un celular o una cámara, se enloquece. “¿Me estás grabando?”, pregunta. Si yo subiera todos los videos que me obliga hacer, ¡sería una influencer
absoluta! –

 

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