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Luciano García
Chef pastelero Almacén Ott Gourmet

Cuando empezó a estudiar pastelería, Luciano Garcia no tardó en darse cuenta que le gustaba tanto preparar delicias como enseñar. Su amor por el mundo de la repostería nació en su Paraná natal y los aromas de aquella infancia dulce aún perduran intactos en su mente. “El olor de las tortas y panes de mi abuela levando bajo el sol de la siesta en la batea que mi abuelo construyó para eso es algo que jamás voy a olvidar. Al igual que no se borran de mi retina las puntillas de azúcar y los castillos de pastillaje que hacia mi tía, una repostera de las que ya casi no hay”, rememora Luciano, quien hoy es docente de Ott College y conduce el Almacén Ott gourmet de exquisiteces que prepara junto a sus alumnos en Acassuso.
Trabajando como pastelero en
La Bourgogne, del Hotel Alvear, le ofrecieron una suplencia en este establecimiento de educación superior y así descubrió sin dudarlo que ese era su destino: intercambiar conocimientos con alumnos y enriquecerse con la devolución constante de los algún día serán sus futuros colegas.
Con su tonada entrerriana y una sonrisa siempre dispuesta admite con naturalidad que es obsesivo al extremo. Y basta con ver sus productos terminados para comprobar que no exagera en lo más mínimo. “Soy muy cuidadoso con las técnicas y procuro entender el por qué de cada cosa. Pero por sobre todo fomento el trabajo en equipo y me esmero por contagiar la pasión con la que hago cada cosa”, destaca quien hoy es un experto en manejar frutos secos con los cuales hace muchas bases de sus bizcochos y así utiliza menos harinas blancas en las preparaciones.
Los escaparates del Almacén Ott están rebozantes de colores que aportan las frutas de verano. “Soy feliz cuando llegan los meses cálidos porque disfruto cocinar con damascos, frambuesas, moras, arándanos, zarzamoras, cerezas y frutillas”, sostiene al tiempo que aclara que suele trabajar con sabores menos tradicionales como el pistacho, la rosa, especias como haba Tonka y así generar sabores diferentes de los que se encuentran en la mayoría de las pastelerías de Buenos Aires.
Quien haya pasado por el local de San Isidro sabe que cada pieza es una pequeña obra de arte. Una manera de expresarse y también de seducir aunque en lo personal se ha vuelto algo así como un militante de lo simple: “Unos damascos y arándanos macerados en tomillo” son sencillos pero tienen una gran expresividad, resume. Como no podia ser de otra manera, Luciano es un pastelero que ama la Navidad porque es la etapa de compartir cosas dulces e intercambiar afectos. “Es el momento del año que más espero, para agradecer y en el cual me siento pleno porque no hay mayor satisfacción que ver a mis seres queridos dejar la copa para elegir las cosas dulces que preparo. Es la expresión de amor que más feliz me hace”. -Andrea Arbelaiz

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La Navidad más dulce
 

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