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02/06/2017

Las protagonistas de Orange… adelantan una temporada explosiva

Por Fernando Gómez Dossena (desde Nueva York) | En el set de grabación hablamos en exclusiva con ellas sobre el explosivo nuevo ciclo y sobre Donald Trump.

En el barrio de Queens están los estudios Kaufman Astoria en donde se filma la serie Orange is the new black. En el enorme plateau de grabación (que tiene todos los decorados realizados en 360 grados) esperamos a las actrices para que nos cuenten sobre la experiencia de ser parte del suceso de Netflix (el próximo viernes 9 de junio comienza su quinta temporada). En un alto de las grabaciones se acercan a charlar y algo llama la atención: ninguna viste los ya tradicionales trajes de reclusas. Sin ánimos de spoilear notamos que algo diferente pasará en la próxima temporada. El secreto es absoluto. Ninguna está dispuesta a adelantar lo que va a suceder aunque todas coinciden que luego del final de la cuarta (en la cual el personaje de Poussy muere asesinado) los capítulos que le siguen serán muy fuertes. La temporada completa sólo transcurrirá en 72 horas. Algo queda claro: la revolución llegará a la prisión de Lichtfield.

Nadie imaginó que esta serie, que inició su primera temporada contando la historia real de Piper Kerman en la cárcel, se iba convertir, junto a House of Cards, en la nave insignia de Netflix. Y mucho menos que iba a ser casi un ícono pop de nuestra época. Hasta el mismísimo ex presidente Barack Obama la nombró dos veces en su discurso cuando abogaba por la ley de inmigración. Tampoco se pueden obviar los chistes y pancartas que remitían al programa cuando el actual presidente, Donald Trump (y su cabellera naranja), ganó las elecciones. ¿Cuál fue el motivo de semejante suceso sin grandes figuras en el cast? ¿Por qué caló tan hondo y se transformó en un símbolo del feminismo, la inclusión y la diversidad? Las actrices de la serie, que ya tiene séptima temporada en carpeta, creen saber la respuesta.

La nueva temporada sólo transcurrirá en 72 horas: la revolución llegará a la prisión de Lichtfield.

“No pienso que la cárcel sea lo más atractivo de la historia. En el relato hay amor, lucha de poder, sexualidad… ¡De todo! Creo que lo interesante es que contamos historias que dentro o fuera de una prisión le pueden suceder a cualquiera”, cuenta Selenis Leyva, la actriz cubana que le pone el cuerpo a Gloria. A esta afirmación se suma Danielle Brooks (Tasty): “Nuestra sociedad es más inclusiva de lo que se muestra en la pantalla. Este no es un show de latinas, negras, afroamericanas, lesbianas, feministas… es un programa repleto de seres humanos que jamás hubieran imaginado llegar a Hollywood”. El elenco de Orange is the new black es una oda a la diversidad y casi un manifiesto contra los cánones de belleza que rigen en la tevé. En el elenco se destacan desde una mujer trans (Laverne Cox) hasta un actor al que le falta una pierna (John Bennet). “La diversidad no es negativa, sino todo lo contrario: es real, es productiva, e inclusiva”, señala Leyva. Por su parte, Dasha Polanco (Dyanara) remarca: “Es mentira que Hollywood ame la diversidad. Hace 20 años que se jactan de convocar a actrices afro americanas o latinas, pero en realidad eso ocurre muy pocas veces.

La tendencia que marcó Netflix con Orange… y Sense8 se tiene que convertir en una norma del espectáculo”. La ganadora del Globo de Oro, Uzo Aduba (Crazy Eyes), aporta lo suyo para entender por qué la serie tiene tantos fanáticos: “Hoy sabemos de lo que sucede en todo el planeta, tenemos un mayor conocimiento de lo que pasa en lugares lejanos, pero no lo mostramos en un show, eso convierte a Orange… en algo especial. No hay todavía nada igual en televisión, nadie tiene un elenco con gordos, negros, homosexuales, heterosexuales… El mundo y la gente ya no quiere ser ignorada, quiere verse en la pantalla, quiere identificarse”.

Nadie imaginó que esta serie, que inició su primera temporada contando la historia real de Piper Kerman en la cárcel, se iba convertir, junto a House of Cards, en la nave insignia de Netflix. Y mucho menos que iba a ser casi un ícono pop de nuestra época.

Los detractores de la serie la acusan de ser tendenciosa en materia política y demasiado feminista, pero sus protagonistas se defienden y se sienten más que orgullosas de representar a diferentes grupos de pertenencia que tienen poca voz en los medios. “Nuestro show entretiene y tiene impacto. No hablamos de política, pero sin quererlo lo que le sucede a nuestros personajes habla mucho del mundo actual”, Adrianne Moore (Black). Todas militaron a favor de los derechos a las mujeres y sobre todo, de los inmigrantes, como respuesta a los dichos de Trump. Para culminar, y mientras todas sólo se animan a llenarnos de curiosidad diciendo que en la próxima temporada se viene algo muy sorprendente, Natasha Lyonne (Nicky) -que en la vida real estuvo en prisión- comenta: “Como ciudadanos creo que humaniza la complejidad de los problemas que nos aquejan a todos. Y rompió un gran prejuicio: identificarse con reclusas, reconocerlas como humanas y no sólo como criminales”.

 

 

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