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Siempre singular, en Tokio.
23/06/2017

Santiago Artemis: “Le aporto frescura a la moda”

Por Fernando Gómez Dossena | Tiene 24 años y es uno de los diseñadores más promisorios del país. Aquí, habla de sus comienzos y de por qué la moda argentina le parece aburrida.

Imposible no reconocerlo. Llega a la entrevista con un total look amarillo y grita: “Parezco un Pokémon”. Con esa frase rompe el allure que transmite para tranformarse -como se muestra en las redes sociales- en un chico súper divertido y, aunque parezca mentira, terrenal. Santiago nació en Ushuaia y a los 17 años se mudó a Buenos Aires para estudiar Diseño de Indumentaria. A los 20 ya tuvo el honor de vestir a Katy Perry, más tarde a Britney Spears y hace muy poco tiempo a Xuxa. Este domingo debutó sobre la alfombra roja de los Martín Fierro lookeando a Griselda Siciliani. Además, no para de viajar por el mundo. Hace poco regresó de Copenague (Dinamarca) en donde fue modelo y también estilista de la próxima campaña de la firma de pieles Saga Furs y de Japón, país que adora y visita una vez al año para realizar acciones de cultura con la Embajada argentina.

-¿Recordás cuál fue el momento que decidiste dedicarte a la moda?
-Creo que vino en mis genes. Comencé a dibujar a los 3 años y nunca más paré. Mi familia es mormona, mi mamá recibía a muchas mujeres estadounidenses que venían a misionar. Yo las veía en el living y alucinaba. Recuerdo que cada una se iba con un boceto de vestido de novia hecho por mí.
-Una religión bastante conservadora…
-Sí, pero claramente mis papás no lo fueron porque sino no me hubieran dejado dibujar como loco y menos ser el niño que fui. Me la pasaba mirando La familia Ingalls y clásicos en blanco y negro. ¡Me compraban hasta los stickers de Sailor Moon! No pudieron conmigo (risas).
-Tenés un look súper personal, ¿cómo lo elegís?
-Me encanta vestirme, es un juego para mí. Amo combinar géneros, ver películas y tomar referencias de vestuario, catálogos de los años `60 y sumarlos a mi outfit… cuando me visto genero universos.
-¿Y cómo te llevás con la mirada del otro? Porque imagino que jamás pasás inadvertido por la calle…
-(Piensa). Este es un país en el que mal que mal, me aceptan. Nunca sentí el rechazo de la gente, es más creo que los divierto. Por eso zafé. Uso tacos, botas, pieles, vestidos… no me visto porque quiero ser mujer, sino porque me interesa transgredir y romper los cánones. Me deben ver y decir que soy un colifa, y puede ser, pero lo importante es que soy auténtico.

-¿Tenés mucha ropa?
-Uff, muchísima, colecciono. Soy fetichista, me encantan los sombreros, los sacos, las blusas, por lo general las prendas que se usan de la cintura para arriba.
-¿Nunca estás vestido de entrecasa?
-No, juro que siempre estoy un poco extravagante. Antes muerto que sencillo. Si tengo un jean, es tiro alto; si entreno voy con calzas de Batman… A veces aparezco en el gimnasio con tapado de zorro (risas). Me encanta vestirme y si me significara un esfuerzo, no lo haría.
-¿Cómo sos como diseñador?
-Mi postura frente al diseño es muy contradictoria: soy retro y agresivo; pero a su vez, vulnerable y sensible. Me rijo en un mundo de contradicción. Me gusta la dualidad.
-¿Por eso estás por lanzar una nueva marca, además de Artemis?
-Sí, se va a llamar Vurda, porque soy coleccionista de la revista de moldes alemana (N de la R: Burda). En esa firma quiero volcar otro tipo de diseño, hacerme un poco más comercial y llegar a chicas más jóvenes.
-¿Qué es la moda para vos?
-Es el grupo de comportamientos que conducen a una estética o universo, pero, aunque parezca elevado, es algo tangible de todos los días. Es el lugar al cual me escapo para no tener que justificarme de nada. Es la puerta de entrada hacia Wonderland.
-¿Cómo ves la moda argentina?
-Mal. Primero porque es un país carísimo para producir. Por otro lado, me deprime la falta de individualidad e identidad que tenemos. No podemos definirnos, somos vuelteros. Las mujeres quieren ser Audrey Hepburn, pero también verse súper sexies. La argentina tiene buen gusto, pero le falta despojo, actitud y apertura mental para animarse a más. Por último, existe una especie de egocentrismo en la moda: los más intelectuales se creen superiores y creen que sólo eso es fashion. Es divino y me encanta lo que hace Jéssica Trosman, por ejemplo, pero no es lo único que hay ni lo único que es moda, es sólo un universo dentro de miles. Tenemos que ser menos rígidos y abrir más puertas, no cerrarlas.
-¿Qué sentís que aportaste a la moda en este poco tiempo?
-Sentido de juventud, de desapego con las reglas, le saqué un poco de naftalina al fashion.
-¿Qué hacés cuando no trabajás?
-Dibujo, hago moldes, salgo a correr, armo álbumes… El ocio me aburre, me hace sentir un vago.
-¿Estás en pareja?
-Sí, hace 10 años, desde los 15, ¡guau! Mi pareja es lo contrario a mí: es dermatólogo, ubicado, tranquilo, medalla de honor de la facultad y muy zen.
-¿Se viste cómo vos?
-Con chupín y remera, es un croto (risas). Somos el ying y el yang. Nos complementamos porque si fuera otro colifa como yo explotaría todo. Mi universo ya es demasiado avasallante. No hay espacio para dos.

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