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25/03/2018

Valeria Bertuccelli: “Vivo en una crisis constante”

Por Pablo Steinmann | Actriz multifacética, acaba de estrenar su ópera prima La reina del miedo, película que le permite hablar acá de la muerte, de la espiritualidad, del amor y de por qué los temores y los replanteos son en su caso un poderoso motor de vida.

Valeria nació en San Nicolás de los Arroyos, tierra signada por sus aguas y por la famosa Virgen de la que empezó a escuchar hablar bien de chica, cuando los “grandes” le contaban sobre sus apariciones y milagros. También de muy chica, a los 6, se mudó con su familia a Wollongong, Australia, donde vivió varios años hasta que su padre decidió emprender la vuelta en el mítico transatlántico Eugenio C, donde conoció de primera mano la ceremonia del cruce del Ecuador. “Se armaba una gran fiesta, todavía recuerdo a mi papá disfrazado de bebé…”, cuenta con su leve sonrisa. Ya en Buenos Aires se hizo actriz por voluntad propia, la rompió en el under con el dúo Las Hermanas Nervio, junto a Vanesa Weinberg, y se casó dos veces con “Gaby”, como ella llama siempre a Gabriel Fernández Capello, más conocido por todos como Vicentico. “La primera vez fue en Miami, yo estaba embarazada de Florián y estábamos ahí por una gira de Los Fabulosos Cadillacs. Fue un trámite rapidísimo, pero después nos colgamos y nunca lo validamos”, recuerda. La segunda, por ende, fue acá y llegó cuando aquel primogénito ya contaba sus ocho años. Luego nació Vicente (hoy de diez) y, de a poco, comenzaron a sumarse los trabajos (tiras como Carola Casini y Vientos de agua y películas como Luna de Avellaneda, Un novio para mi mujer, Viudas y Me casé con un boludo) que la pusieron en boca de todos. Capaz de pasar de la comedia al drama en apenas segundos, Valeria acaba de dar otro gran paso: estrenó hace tres días su ópera prima La reina del miedo, protagonizada por ella y coproducida por un viejo amigo de toda su familia, Marcelo Tinelli. Íntima, y muy emotiva, la película ya le valió un premio en el prestigioso festival de Sundance, fundado por Robert Redford. Fue por su trabajo como actriz, pero ella lo siente como un premio integral a un proyecto tan personal como demandante.

-Imposible no preguntarte cuanto de vos tiene Robertina, tu personaje (que es actriz y muy temerosa) y toda la película en general…
-Hay mucho, no tanto en los detalles pero sí en lo esencial. Hay muchas observaciones que me pertenecen, sobre todo las relacionadas al miedo, un tema que me interesa desde hace mucho. Yo siempre fui muy miedosa, de chica sufría mucho por eso. No lograba dormir, la pasaba realmente muy mal. Siempre me quedó grabado lo que me decía mi viejo: “valiente no es el que no tiene miedo, sino el que lo enfrenta y traspasa”. Y acá quise hablar de eso, del miedo como motor.

-¿Tenés muchos recuerdos juveniles en torno a esos temores?
-Millones. En San Nicolás vivíamos enfrente del cementerio, en los monoblocks donde en aquel entonces terminaba la ciudad. Durante el día jugábamos mucho ahí y a la noche todos esos juegos y bromas volvían en forma de pesadilla. Me acuerdo patente una noche que estaba aterraba, no podía dormir y un ruidito, tipo “tsss”, “tsss”, me tenía espantada. Me armé de valor, salí a ver qué era y de repente me encontré con todo oscuro y un montón de formas blancas que flotaban… Casi me muero. Mucho después descubrí que eran los pañales de mi hermano menor (en aquel entonces se lavaban y se ponían a secar) y el ruido, una gota de agua que caía al calefón… Por supuesto que con el tiempo fui abandonado esos temores más infantiles, pero incorporé otros.

-¿Creés que la gente percibe ese miedo en vos?
-No lo sé. Una vez un productor me dijo sorprendido: “¿vos miedosa? Te animaste a esto, a lo otro, a hacer tu película…” Pero lo cierto es que me empujo un poco a hacer todo eso. De lo que nunca sufrí es del famoso miedo escénico, una vez que cruzo el telón siempre soy feliz. De chica me paraba frente al público del Parakultural, que no era nada sencillo, y para mí era el mejor plan del mundo.

“Me interesa todo lo referido a lo espiritual, pero nunca termino de adueñarme de nada. Y a mis hijos les transmito ese interés de la misma manera, todo desordenado y caótico”.

-¿Miedo a la muerte tenés?
-Sí, pero no tanto a la muerte en sí, sino a no haber entendido lo “importante” antes de que llegue. Y eso sí es todo un tema. Estos planteos, llamémoslos existenciales, están hace mucho en mí y la película tiene que ver con eso, con encontrar ese sentido profundo.

-Aparece el budismo varias veces en el filme. ¿Te interesa esa religión?
-Sí, leí mucho al respecto pero no me considero una budista practicante. Tuve largas épocas en las que iba al templo budista y meditaba. Las religiones siempre me interesaron, mis padres eran evangélicos, se conocieron a través de una iglesia en la que mi papá era predicador y toda mi etapa de vida en Australia estuvo muy marcada por esa religión. Después todos nos rebelamos bastante, y a mí me empezó a interesar mucho la religión judía. Quise convertirme, fui mucho al templo a estudiar pero finalmente me rechazaron… (ríe).

-¿Por qué?
-Porque era muy difícil, tenía que estudiar mucho, y me distraía facilmente. Hay cosas del catolicismo que también me interesan. Hay frases de la Biblia, por ejemplo, que me vuelven loca. En la película metí una: “Dios manda a la guerra a sus soldados más fuertes”. Me interesa todo lo referido a lo espiritual, pero nunca termino de adueñarme de nada. Y a mis hijos les transmito ese interés de la misma manera, todo desordenado y caótico (sonríe).

-Últimamente se han convertido en una especie de familia rodante, compartiendo muchas de las giras de los Fabulosos Cadillacs.
-Sí, y me parece espectacular. Las giras para mí son un momento de mucho encuentro familiar, cuando no puedo ir me muerdo los labios, las extraño un montón. Me emociona mucho verlo a Florián arriba de un escenario, tocando las canciones que yo le hacía escuchar en la panza… Es muy lindo. No me puedo quejar. Mi vida hoy tiene mucho de lo que siempre soñé. Recuerdo que de chica mi papá me decía: “¡vos querés vivir con el circo alrededor!”. Supuestamente era un reto y para mí era un elogio. Me encanta esa idea y hoy la practico a full.

-Con Vicentico llevan más de 20 años juntos. ¿Nunca una crisis?
-(Piensa) No. Yo como persona vivo en una crisis constante, me interesa replantearme todo el tiempo lo que quiero, y de qué manera, con mi trabajo, mi vida, “Gaby”, mis hijos. Pero no hablaría de crisis de pareja. Nunca tuve dudas de él ni nada por el estilo.

“Una vez que cruzo el telón siempre soy feliz. De chica me paraba frente al público del Parakultural , que no era nada sencillo, y para mí era el mejor plan del mundo”.

-En la película tu personaje lucha contra lo que se supone debe hacer y no quiere, esto de bajarse de proyectos cuando todo el mundo le dice que no lo haga. ¿A vos te pasó algo así? Pienso en la obra Escenas de la vida conyugal…
-Me pasó varias veces, en aquella obra, claramente. Charlando con “Gaby” de la película me recomendó leer al filósofo (Baruch) Spinoza y tenía razón, él habla mucho de lo que te “compone” y lo que te “descompone”. En los proyectos actorales hay mucho de eso. Para mí esta película habla de eso, de la importancia de estar en el lugar correcto pero sobre todo del enorme daño que te puede hacer estar en el incorrecto.

-¿Vos sentías que estabas en el lugar incorrecto en la obra? Se habló mucho de tu relación con Ricardo Darín…
-De eso no quiero hablar. Lo único que te puedo decir al respecto, es que eso mismo que a mí me ocurrió hace unos años, hoy sería impensable. Que una mujer decida dejar un trabajo, por razones puramente artísticas, y que se hable de todo lo que se habló es de un machismo que hoy en día no resistiría análisis. Nadie le plantea a un hombre por qué deja tal trabajo. Hoy sabemos que deciden los hombres y también las mujeres, en todos los sentidos y ámbitos posibles.

-¿Te imaginabas un momento así, con muchas reivindicaciones feministas en primera plana?
-Sí. Lo imaginaba y me parece genial que por fin haya llegado. John Lennon decía “la mujer es el negro del mundo”. Y tenía razón. Siempre voy a apoyar todo lo que implique la liberación de un grupo oprimido y abusado. Todos deberíamos querer eso, ¿o no? Y una cosa más: no todo pasa a través de los medios. Me interesa también lo que sucede en los hogares, en nuestras vidas. Eso debería sumar en el cambio.

-¿En tu casa hablan de estos temas?
-Sí, todo el tiempo. El otro el día Vicente preguntó: “¿en casa somos feministas?” Y “Gaby” enseguida replicó: “sí, somos todos feministas”. Y a mucha honra. Está buenísima esta era.

-¿Extrañás esa vida de hogar cuando estás con mucho trabajo o viajes?
-Sí, pero a la vez es cierto que trabajo mucho en casa. Tengo un estudio en el que me encierro a escribir. Casi que lo hago mejor con ruido de gente, chicos jugando o lo que sea, que si estoy completamente sola… ¿Ves? Soy feliz con el circo alrededor… (sonríe).

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