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30/04/2018

Agustín Casanova: “La fama me mareó mucho”

Por Pablo Steinmann | Tras el furor de Márama, la banda uruguaya de cumbia pop, se volcó a la actuación y a una carrera como cantante solista. Acá habla de sus orígenes, la meditación y sus reparos a la hora de enamorarse.

Agustín hace rato que pertenece al “club de los millonarios”, ese selecto grupo de estrellas que pasaron el millón de seguidores en Instagram, una red social devenida en extraño termómetro de popularidad. Actualmente, él va por los dos millones y medio, una cifra que debe muchísimo a sus inicios musicales con Márama, la banda de cumbia pop uruguaya que, junto a Rombai, revolucionó el ambiente bailable de casi todo el continente. Nacido en Montevideo, el muchacho está instalado en Buenos Aires (en Nordelta), explorando nuevos horizontes junto a la actuación gracias a la tira Simona, donde compone a Dante, un joven seductor que compite con Romeo (Gastón Soffritti) por el amor de Simona (Ángela Torres). La música, sin embargo, no ha quedado atrás ya que en el medio el Agustín se las arregla para preparar el lanzamiento de su carrera solista. “Es una de continuación de la etapa anterior”, sentencia y enseguida se ataja de la mala prensa que suele tener el género musical que tanto conoce: “Al principio yo también me juzgaba negativamente, pero después entendí que la música es como la literatura. Hay libros y canciones para todo tipo de estados de ánimo y situaciones. Nuestra cumbia está diseñada para bailar, para reírte con amigos y pasarla bien. No se trata de compartir una crítica social ni de profundizar sobre tal o cual tema. Es para divertirse y punto”, concluye.

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-Mucha gente no sabe que tus comienzos fueron como animador de fiestas infantiles, generalmente disfrazado del Dinosaurio Barney, ¿verdad?
-Es cierto. Y curiosamente es algo que cuando arranqué con la música, empecé a extrañar un poco. Me encanta el contacto con los más chicos, son almas muy nobles e inocentes. Por suerte después nuestras canciones empezaron a pegar mucho entre los chicos y preadolescentes así que pude volver un poco a las fuentes. Me transformé en un animador más adulto, un Barney sin disfraz…. (ríe).

-¿La fama te mareó en algún momento?
-Sí, mucho. Es realmente muy extraño lo que sucede a tu alrededor y en tu propia cabeza cuando las cosas comienzan a funcionar de manera inesperada. No creo que los llamados excesos, ya sea de drogas o alcohol, sean siempre parte de ese paquete. Pero hay que esforzarse mucho para no perder el foco. Por eso en mi camino yo siempre fui con pies de plomo, muy precavido y atento. En Márama, por ejemplo, estaba prohibido todo. El catering nuestro consistía en barritas de cereal con frutas y yogur. Te lo juro. Nada de alcohol. Recuerdo una frase de mi representante que me dijo: “el 80 por ciento de los músicos a los que la fama les llega muy rápido, termina mal”. Ahí decidí que yo iba a ser del 20 por ciento restante. Y una cosas más: a nosotros nos siguen muchos chicos, es importante el mensaje que damos en todo momento.

-También te siguen muchas chicas…
-Es cierto, el escenario siempre brinda un atractivo extra, pero ahí también hay un doble juego. Por un lado todo parece más sencillo, pero a la vez se vuelve un poco más complicado decidir con quién compartir algo más sin sentirte usado o manejado. Y eso sin hablar de la exposición, que siempre es todo un tema.

“No creo que los llamados excesos, ya sea de drogas o alcohol, sean siempre parte del paquete de la fama. Pero hay que esforzarse mucho para no perder el foco”.

-¿Afectó ese nivel de exposición a tu último noviazgo (con la bailarina de Showmatch, Sofía González)?
-Sí, ciento por ciento. De hecho, estuvimos casi un año en secreto y cuando la relación se hizo conocida, todo empezó a cambiar. Entre otras cosas, descubrí que la gente es capaz de decir cualquier cosa por las redes. Y si bien todos buscamos que eso no nos afecte, hay días en que estás con la energía baja y eso sucede.

-¿Ahora estas soltero?
-Sí. Y muy contento. Cuando me engancho con alguien, dejo un poco de lado mi trabajo, por lo que ahora me viene bien estar enfocado en lo mío. Y además, la verdad es que soy bastante complicado para enamorarme. No sé bien por qué, a veces pienso que es consecuencia de mi primera relación, cuando estaba en el colegio, y terminé muy herido. Es como que me hice una coraza a partir de esa experiencia. Me gusta el romance, sí, pero al estilo de las viejas de película de amor. Quiero vivir algo así, bien especial. Hay una idea muy extendida de que las peleas y los celos son parte esencial de cada pareja pero yo creo que no tiene por qué ser así.

-Siempre te definís como muy espiritual. ¿De dónde proviene eso?
-Un poco de mis padres, a quienes veía meditar de chico y lo único que pensaba era que estaban locos… (ríe). Pero un poco volviendo a lo anterior, cuando empezó a suceder lo de Márama, y mi vida cambió de raíz, comencé sentir la necesidad de un replanteo interno. Sobre todo porque no entendía por qué si había alcanzado mi sueño de ser cantante igualmente no lograba ser feliz. Ahí comencé con la meditación, algo que me acompaña todos los días desde entonces. Ya sea 20 minutos a la mañana o la noche, necesito mi momento de silencio y de paz.<

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