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25/07/2018

Río, más allá de la playa

Por Paz Azcárate (desde Brasil) | Con mirada atenta es posible descubrir otra ciudad, con arquitectura moderna, rincones plagados de cultura y espacios para saborear todo el año gastronomía genuina de esta tierra alegre que es la más visitada del Hemisferio Sur.

Ni todas las sambas escritas en y para Rio de Janeiro alcanzan a contar lo que se ve desde los morros que se yerguen en la Bahía de Guanabara. Como la mayor ciudad costera de Brasil, desde Barra da Tijuca hasta el extremo norte, la playa es el paisaje que copa casi toda su geografía y, al mismo tiempo, es apenas el marco de una ciudad que tiene oleaje tierra adentro en su tradición de baile, carnaval y gastronomía, pero que muestra una cara renovada en la zona portuaria. Rio explota en propuestas culturales para conocer a fondo un legado afrodescendiente y un pasado de colonia europea que se manifiesta en su gastronomía y demuestra su identidad propia en espacios de innovación que miran al futuro.

Desde el jardín

Debe ser una de las características más curiosas de Rio de Janeiro el combinar la modernización de la urbe con la selva nativa plena. Como capital -no política pero sí del turismo- puede jactarse de contener un Parque Nacional dentro de sus límites, una enorme laguna, montañas y una bahía. El espacio que mejor conjuga las justas dosis de cemento y naturaleza en la ciudad es el Jardín Botánico, montado sobre la costa de la Lagoa Rodrigo de Freitas y tiene unas 144 hectáreas de flora exuberante presentada con la prolijidad de una cancha de golf. Sus senderos permiten pasear entre las más de 10.000 especies de flora conservadas, las pequeñas lagunas sobre las que flotan ejemplares de Victoria amazónica y caminar debajo de monitos que se mueven entre las copas de los árboles y que ya son identificados por quienes trabajan en el mantenimiento del espacio verde: todos son debidamente saludados por su nombre.

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El jardín fue una suerte de capricho de Joao VI en 1808, para poder tener sus frutas favoritas. Eso hizo: palta, canela y nuez moscada empezaron a cultivarse en este lugar antes de extenderse por todo Brasil. Es así que hoy es un un parque de diversiones para los amantes de las plantas, en particular por el orquideario que alberga más de 600 especies y los jardines de invierno que resguardan las plantas carnívoras.

Feijoada y Cachaca, dos clásicos de Rio

Ipanema -diamante chiquito y brillante de la ciudad- popularizado a más no poder gracias a la musa que inmortalizó Tom Jobim, es hoy uno de los barrios que más puntos de interés concentra para el turismo. En particular, en lo que refiere a gastronomía. Prueba de esto es La Casa da Feijoada, el único lugar en el mundo donde uno puede sentarse a comer el plato tradicional preparado a base de porotos y carne durante todo el año. Mientras que en Rio de Janeiro los hoteles y casi todos los restó lo sirven los sábados –ya que por su abundancia es poco amiga de la rutina laboral-, acá se puede degustar el plato literalmente cualquier día de la semana. Desde hace 10 mil días (o sea, desde 1989) en esa cocina se prepara feijoada sin parar con 11 variedades de carne y acompañada de repollo, naranja y harina de mandioca.

También en el sur de la ciudad, cerca de las playas de Leblon, está la institución de la coctelería: la Academia da Cachaça, con una carta en la que no falta ninguna variante de la caipirinha, pero que además sirve tapas o Caldinho de feijão (que es el caldo de la feijoada, con el sabor súper concentrado). Sus dos locales pegados, con los techos recubiertos de papelitos formando la bandera de Brasil están ubicados justo en la entrada de la galería donde funciona el Teatro Leblón. Es un buen combo: pasar a tomar algo por la Academia y meterse a ver el espectáculo de danza Ginga tropical, en el que se repasa toda la tradición de baile y música en Brasil, que va desde la samba hasta la bossa nova, el funk y el folklore local.

Porto Maravilha

Una de las zonas de la ciudad que más se transformó en el último tiempo es la del puerto. En el marco de un proyecto llamado Porto Maravilha, el paso de los Juegos Olímpicos dejó huella en una parte de la ciudad que quedaba afuera del circuito turístico. El llamado Boulevard Olímpico pasó de zona costera a paseo que reúne una extensa área de murales, AquaRio (el mayor acuario marino de América del sur, con 26 mil metros cuadrados de superficie) y la Ciudad de la Samba, donde ensamblan carrozas y trajes las más de 90 escuelas de samba que participan del carnaval (ver recuadro).

El Museu do Amanhã, sobre la costa y en proximidad al puerto, es el único museo del mundo que no exhibe más que imágenes digitales y se enfoca en la interacción con los visitantes. Con la idea de pensar en futuros amigables con el entorno y en el impacto de nuestras decisiones en el ambiente, se construyó en base a criterios de sustentabilidad: tiene más de 6.000 paneles solares, techos que dejan entrar la luz y sistemas ecológicos de regulación de la temperatura. Su estructura, a cargo del español Santiago Calatrava (mismo arquitecto que diseñó el Puente de la Mujer), está entre lo más impactante. Mientras hay quienes lo asocian con un dinosaurio, otros piensan en un barco, dos miradas posibles: hacia el pasado y hacia el futuro, que se conjugan en el museo y que parecen hablar de una ciudad con fuertes raíces en su tradición, pero que no para de reformularse.

La cocina del carnaval

Sólo existen tres momentos para visitar Rio de Janeiro: antes, durante o después del carnaval. Nada queda por fuera de este evento que parte el calendario a la mitad durante los primeros días de marzo: se está disfrutando de la fiesta o bien se la está preparando. De lo segundo va Carnaval Experience, una forma de conocer el backstage del evento más importante de la ciudad y de hacer palpable el trabajo invisible (al menos de abril a febrero) de las 90 escuelas de samba y de los miles de productores, coreógrafos, bailarines y artesanos que intervienen en su producción. Uno de los recorridos más tradicionales es el que se hace en la Ciudad de la samba, el enorme predio donde cada escuela empieza a delinear su concepto, construir su carroza y adornar sus trajes. Una visita guiada que los organizadores maridan con caipirinha y que termina con una foto vistiendo un traje típico del carnaval. Tanto la bebida como el papelón de no saber bailar carioca van por cuenta de la casa. Más info en: http://carnavalexperience.com.br

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