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02/02/2018

Carolina Aguirre: “El amor nunca estuvo tan accesible como ahora”

Por Pablo Steinmann | A días de San Valentín, la guionista de Guapas y Farsantes comparte su visión respecto al romanticismo y la pareja; temas de los que trata en su nuevo libro.

Presentarla ya es una suerte de reto. ¿Es Carolina Aguirre un fenómeno de redes? Sí y no. Sus orígenes, además, fueron anteriores: en la llamada blogósfera, esa suerte de Atlantis digital dominada por blogs de todos los estilos. Escritora compulsiva, tiene varias novelas publicadas y una serie de tiras televisivas, Ciega a citas, Guapas y Farsantes, asociadas al éxito y a una saludable originalidad. Seguida por más de 130 mil usuarios, su cuenta de Twitter (@aguirrecaro) suele ser también blanco de ataques y diatribas, algo que intenta ignorar pero afirma no lograr del todo.

Su último libro, que reúne sus columnas dominicales en La Nación más varios textos nuevos, se llama El amor, el amor, el amor, título que ella misma se encarga de explicar: “Es una frase que pertenece a Adrián Suar, que al final de cada reunión que teníamos por Farsantes me insistía sobre lo mismo: “el amor, el amor, el amor”. Este libro es una mezcla de mi vida sentimental y mi vida como guionista y esa frase resume una de mis grandes enseñanzas a lo largo de ese recorrido, algo que ya entendí e hice propio desde entonces: siempre estamos hablando de lo mismo, del amor”, sentencia.

-¿Y en tu vida también? ¿Te definirías, para empezar, como una mujer romántica?
-No, para nada. Me interesa y atrae mucho el amor pero soy cero enamoradiza y la verdad es que me cuesta muchísimo la vida en pareja. Ojo que no lo digo de superada ni de evolucionada y de hecho me gustaría que me cueste menos. Pero a su vez ya aprendí a aceptarme más, y a entender que me llevo muy bien con mi soltería.

-Estuviste casada…
-Sí, durante casi 13 años. Y siempre pensé que yo era esa mujer casada, pero con el tiempo me di cuento que soy más ésta, y que mi ex marido fue una suerte de paréntesis en mi vida. Pensá que a mi familia nunca le dije que me había casado. Se enteraron cuando me divorcié. No reniego de esa relación para nada, de hecho me llevo muy bien con él.

-¿Lo seguís viendo?
-No. Pero me llevo muy bien, al igual que con todos mis ex, exceptuando, claro, al tipo de Colombia (NDR: se refiere a su ex pareja Mariano Feuer, con quien sufrió un siniestro episodio de violencia que relató en una crónica titulada Colombia, que provocó mucho ruido y aún se puede leer por la web). Menos de él, soy amiga de todos los tipos con los que salí. Es muy impresionante eso. Mis amigas me cargan, no pueden entender que hable con casi todos al menos una vez por semana… Y no me parece algo raro, eh.

“No soy lo que imaginan… ni maleducada, ni agresiva, ni antisocial”

-¿Creés que esta era hiperconectada atenta un poco contra el amor?
-No, al contrario. Hoy podés conocer a una persona a través de tu celular, saber su nombre, ver sus fotos, enterarte de lo que opina de muchos temas y contactarlo enseguida. Eso antes era imposible. Yo me acuerdo de tener que esperar al sábado para poder ver a tal pibe en un boliche. Hoy eso es cosa del pasado. Y está buenísimo. El amor nunca estuvo tan accesible como ahora.

-¿No creés que hay más dispersión, menos conexión real?
-Puede ser, pero eso ya tiene que ver más con a neurosis o mambo de cada uno y no con las posibilidades de acceso que la tecnología te ofrece. ¡Podés saber hasta que amigos en común tenés! Es mucho.

-¿Te has encontrado gente que tiene cierta imagen de vos por tu cuenta de Twitter?
-No salgo con gente de las redes. Pero sí pasa eso. Tengo amigas que antes de conocerme me tenían muchísimo miedo. Y no pueden creer que yo sea la que soy (ríe). Soy seca, áspera, puedo decir lo primero que me viene a la cabeza, pero estoy lejos de la antipática que muchos se imaginan. No soy así. Ni maleducada, ni agresiva, ni antisocial.

-Este año, en tus redes, se te vio muy enamorada de Japón…
-En realidad desde muy chica me gusta ese país, pero recién ahora me di el gusto de recorrerlo en profundidad. Estuve casi la mitad del 2017 allá. Un montón. Salvo Okinawa y Saporo, recorrí todos los rincones de la isla.

-¿Sola?
-Ehhh… no. (Sonríe y se sonroja). Digamos que me gusta tener novios en otras partes del mundo… En realidad no son noviazgos, son relaciones que funcionan así, cuando nos vemos y estamos juntos. Algunos son extranjeros que viven en Japón o en otros países y viajaron a Japón para que nos encontremos. Alguno de acá también hizo lo mismo…

-Todo sin ataduras…
-Es que en un punto yo creo que las relaciones de pareja van a cambiar. Ya lo están haciendo. Hoy el amor se da formas muy distintas y no se ciñe a un único modelo. No tiene que haber una sola forma de relacionarnos, con un compromiso tradicional de casarse, tener hijos, convivir bajo el mismo techo, ni siquiera en un mismo país. Es un modelo que no tiene nada de malo, pero no por eso tiene que ser el único. Está bueno que cada uno pueda tener el modelo de relación que quiera. No estoy hablando sólo de monogamia sino de costumbres, usos. En otros países es más común, nosotros como latinos tenemos esta cosa de no estar separados.

-¿Te instalarías en Japón, por una relación o por lo que fuera?
-Sí, sin dudarlo. Voy corriendo. ¿Dónde firmo? Extraño muchísimo ese país, por momentos siento que allá está mi casa, y que acá estoy de vacaciones.

-¿El idioma no es un traba?
-No, no necesitás hablar demasiado en Japón, casi todo está automatizado y son muy explícitos hasta en el más mínimo detalle. Hoy si veo un restaurante de afuera ya sé si es de soba, udon, ramen, kaiseki o lo que fuera. Los japoneses son muy claros, muy metódicos y esquemáticos, no hay tanta expresión de la variedad. Por eso pueden tener una sociedad tan gigante en un lugar tan pequeño, porque tienen sistemas para todo.

-¿Te imaginás hoy, a tus 39, siendo madre?
-No. No me dan ganas este año ni me dieron ganas en el anterior, ni en el otro. Tampoco en los doce años que duró mi matrimonio. Pero quizá en el próximo sí, no lo sé. Al igual en el amor, en este tema elijo no ser taxativa.

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