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10/09/2018

APLV: la alergia que afecta a los más chicos

Por Fernando Gomez Dossena l La intolerancia a la proteína de leche vacuna aumentó considerablemente en los últimos años dentro del país. Aquí, especialistas cuentan el motivo del crecimiento y detallan cómo reconocerla y tratarla para tener una mejor calidad de vida.

La cifra es contundente: el 5 por ciento de los menores de un año en Argentina sufre alguna alergía alimentaria. La más frecuente es la llamada alergia a la proteína de leche vacuna (conocida por sus siglas APLV) que la padecen el 3 por ciento de los menores de 3 años. Y lo más alarmante es que los casos en nuestro país se triplicaron en la última década. “Cuanto más frecuente un niño ingiera un alimento particular, más probable es que pueda hacerse alérgico a ese alimento, por este motivo la leche de vaca, el huevo, el pescado, el trigo y el maní lideran la lista”, explica la Dra. Noemí Coe, médica del staff de Alergia e Inmunología del Hospital Alemán, quien añade: “Las proteínas son las causantes de las alergias, es por eso que en el caso de la leche las que provocan el rechazo son la caseína, la alfa-lactoálbumina y la beta-lactoglobulina”.

Síntomas y tratamiento
Esta afección se manifiesta normalmente con llantos persistentes sin motivo aparente, reacciones en la piel, síntomas gastrointestinales, como reflujo o cólicos, y sangrado en la materia fecal. “Algunos, los más severos, pueden presentar problemas respiratorios y hasta riesgo de asfixia”, añade el Dr. Claudio Parisi, especialista en alergia del Hospital Italiano y presidente saliente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología. Mientras que el Dr. Daniel Vázquez, especialista jerarquizado en la materia, advierte: “El mayor riesgo se presenta cuando se produce una reacción severa -técnicamente denominada anafilaxia- producto de la ingesta del alimento en cuestión, donde se debe proceder a una urgencia para evitar complicaciones e inclusive la muerte, que si bien es poco frecuente, puede suceder”. La APLV se manifiesta a días del nacimiento y en el 85 por ciento de los casos desaparece antes de los 5 años del niño, el 50 por ciento lo logra antes de los 3 años y un mínimo porcentaje de los afectados la sufre de por vida. Existen tres diferentes formas de manifestifación de la misma: una inmediata al cabo de los pocos minutos de ingerir la leche, una diferida, al menos dos horas después de la ingesta, y tardía, recién varios días después. “El tratamiento general de las alergias alimentación se basa en identificar con precisión la incidencia y el pronóstico para luego diagnosticar la total erradicación del alimento responsable o alimentos que lo contengan como ingrediente, por eso es vital tener en cuenta la etiqueta de los productos”, detalla Coe, quien añade: “Para los lactantes existen fórmulas de sustitución para la alimentación, algunas a base de proteínas de soja, de hidrolizados proteicos, soja más colágeno de cero y de aminoácidos sintéticos. La leche de otro mamífero como oveja y cabra no es una opción por su similitud proteíca con la de vaca”. Para detectarlo se reconoce en primer lugar con los síntomas inmediatos, luego se hace un test cutáneo o de sangre y, por último, el llamado test de parche sobre la piel del niño. “Para saber si la alergia ya desapareció se espera un año desde el día del diagnóstico y se realiza un test de provocación para ver cómo reacciona el organismo”, cuenta Parisi.

El entorno y la investigación
El mismo profesional explica la APLV tiene como todas las alergias un componente genético y otro epi genético, que se relaciona con el contacto con el medio ambiente en el que el paciente vive, generalmente en las ciudades con mucha polución. “El aumento en nuestra sociedad se debe a dos factores: el mayor conocimiento y, a su vez, la posibilidad de diagnosticarlo y otro motivo que se vincula con la llamada hipótesis de la higiene”, explica el profesional. Esta teoría surgió en 1989 cuando Berlín se volvió a unir tras años de división. En la parte más occidentalizada los casos de alergia eran alarmantes en comparación con la otra zona. “Nuestro estilo de vida tiene un impacto directo sobre nuestro sistema inmunológico y provoca que este sistema sobrereaccione por falta de contacto o costumbre a diferentes ataques. Al volverse la misma desmezurada es mala para el cuerpo y se transforma en la alergia”, sentencia.

ATENTO A LAS ETIQUETAS

Según informa la Dra. Noemí Coe del Hospital Alemán existe desde octubre 2017 en Argentina una ley de rotulado de alimentos que precisa el contenido de alérgenos. “Esto es vital para los adultos, así saben bien qué pueden consumir ellos -en el caso de las lactantes- y que tienen permitido ingerir los niños sin tener reacción adversa alguna”, sentencia.

 

 

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