“Fue todo muy paulatino. A Valeria ya la tenía vista de la época en que iba a entrenar al estadio Chateau Carreras, donde ella trabajaba, pero nunca le había dicho nada. Después nos volvimos a cruzar cuando empecé a colaborar con la Secretaría de Deportes de Córdoba y ahí fue todo un poco más “sencillo”. Como yo soy bastante tímido, los asados grupales fueron mis aliados ideales”
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