Tiene su productora ReBolución en Barrio River. Es una casona estilo art decó que impacta por su fachada. Apenas uno atraviesa la puerta se encuentra con un afiche de Carne, el filme que protagonizó Isabel Sarli y dirigió su abuelo, Armando Bo (de quien heredó el nombre y la pasión por el cine). Muchos afiches más se replicarán por los pasillos de los tres pisos de “su casa”. Sí, así es como la llama Armando, ganador del Oscar por haber coescrito junto a Nicolás Giacobone y el propio Alejandro González Iñárritu la película Birdman. Hoy se lo ve entusiasmadísimo ya que acaba de estrenar Animal, su segundo filme como director, protagonizado por Guillermo Francella y Carla Peterson. “Con este trabajo me saqué el gusto de contar lo que genera el capitalismo: que todo tiene un precio e intenté mostrarlo con una mirada irónica. Guillermo es un hombre que tiene el trabajo y la familia perfecta, que siempre actuó correctamente y un día necesita un trasplante de riñón y la burocracia y la realidad lo agobian. Y en la espera comienza a enloquecer. El sistema lo desquicia porque siempre hizo lo que debía y hoy nada de eso le sirve”, cuenta Armando, hijo de Víctor, hermano de la corresponsal de guerra Teresa y papá de Amador (8) y Torino (4).
-¿Sos de hacer lo que “se debe”?
-Más bien improviso. Me cuesta mucho tener un patrón de comportamiento. Soy alguien que va siempre al frente, que trata de avanzar y de hacer. En ese camino me cuesta respetar todo cómo tiene que ser. En un punto, algo de rebelde tengo.
-¿Cambian las presiones al momento de trabajar con un Oscar debajo del brazo?
-Sin dudas, porque sin quererlo estás a otro nivel y te juzgan desde otro lado. Tengo la estatuilla en mi casa y la veo cada tanto. El premio me hizo entender que la felicidad no está en un Oscar ni en el dinero, sino en hacer lo que a uno le gusta y pasarlo lo mejor posible. Y eso me pasó con Animal.




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