“¿Y ea-ea pepé?” preguntó intrigadísima Silvina. “Era un amigo sordomudo. Siempre nos reíamos con gestos. Una noche le dije que no se podía dormir con él, y me miró y me dijo: ‘eaea pepé’, señalando el flequillo.”
Imagen anterior
“¿Y ea-ea pepé?” preguntó intrigadísima Silvina. “Era un amigo sordomudo. Siempre nos reíamos con gestos. Una noche le dije que no se podía dormir con él, y me miró y me dijo: ‘eaea pepé’, señalando el flequillo.”
RSS
G Plus
Facebook
Twitter