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17/06/2018

Liz Solari: “Quiero contagiar la paz que encontré“

Por Malen Lesser | Modelo, actriz y conductora. Acaba de terminar de filmar una coproducción argentino-canadiense y una serie de tevé y, además, conduce Resto del mundo. También se animó a sacar un libro. A todo, le da su sello zen, ecologista y pacífico.

Nacida en Barranquilla, Colombia, Liz Solari (34) se crió en Rosario, Argentina, cuando su padre Eduardo Solari, director técnico de fútbol, volvió al país con su familia después de dirigir a Atlético Junior en ese país. Se crió en el seno de un hogar católico, junto a cuatro hermanos varones, asistió a una escuela de monjas y su infancia fue feliz, tranquila y despreocupada hasta los 18 años, cuando ganó el concurso de la agencia Dotto models y pronto, se consolidó como top model en la región. Su vida brillaba y todo parecía un cuento de hadas cuando recibió un duro golpe en el año 2010. Su novio, Leonardo Jesús Verhagen, murió súbitamente en la cama en sus brazos, una noche sin que ella pudiera ayudarlo. Ahora, con el tiempo y las heridas curadas, se permite reflexionar acerca de ese viaje, en el que tuvo que atravesar el dolor, alejarse de todo (se fue a estudiar a Gran Bretaña) y mirarse adentro para poder sanar.

-En mayo presentaste tu libro Meditaciones para un viaje interior ¿es una manera de compartir tu propio viaje?
-Para eso habrá un segundo libro, que será sobre mi vida basada en mi experiencia espiritual. Este libro está pensado y escrito junto a mi maestra y mentora, Cher Chevalier, que conocí hace ocho años en Inglaterra, cuando todo el dolor era muy reciente y yo necesitaba una guía. Sin saberlo ni ser consciente de esto, la conocí. Dicen que cuando uno está listo, el maestro llega.

-¿Habías huído de la exposición?
-Es claro que la exposición no ayuda para nada en un proceso tan interno, pero no había escapado, al contrario, se sale hacia adelante, la vida avanza y uno puede elegir qué hacer con el dolor, con lo que le toca atravesar. Quedarse angustiado o retraído, victimizarnos, refugiarnos en la tristeza, algo natural al principio, o preguntarse cómo transformar esta experiencia en algo positivo. El dolor se experimenta y después se transforma. Yo me fui a estudiar arte y drama afuera, a volcar en expresión y creatividad todo lo que tenía para procesar. Empecé yoga, meditación, conocí a mi maestra y logré sanar. Sigo aprendiendo todos los días a conectarme más con Dios o la consciencia cósmica o el universo, como se quiera llamar, con ese silencio y esa paz que hay que entrenar para alcanzar y a partir de ahí, muchas cosas se acomodaron.

-¿Volviste a enamorarte?
-Estoy en pareja con un italiano hace más de dos años. Tengo una base en Roma y otra acá, en Argentina. Mi perra viaja conmigo, Frida es argentina, mi otra perra, y suele quedarse acá porque está más complicada de salud y tiene otro tamaño. Las dos fueron callejeras, las adopté. Creo mucho en el respeto y el derecho a la vida de todos los animales, de hecho, soy vegana. Él me acompaña mucho y siento que estamos en la misma sintonía. Trajo mucha paz a mi vida. Es una persona muy centrada y positiva. Es un amor verdadero, que además, viene de otras vidas.

-¿Porqué crees que se acomodó todo a partir de la meditación?
-Meditar es unión con lo divino, es el estado en el que tu alma se conecta con el universo, calma la mente, nos lleva a la esencia, nuestra y de todo lo que formamos parte. Me dio un equilibrio que jamás había encontrado. Dejé de identificarme sólo con la mente, a aquietar y a darme cuenta de todos los beneficios que traía. Entonces ahí aprendí a escuchar a mi cuerpo, a comer cuándo y lo qué necesito, a comprender que no puedo matar un ser vivo para eso, que es igual que yo y tiene derecho a vivir. Estoy muy a favor de la no violencia, participo activamente de una campaña que se llama Hands Off, no sólo porque se mata una mujer cada 30 horas por violencia de género, es por toda forma de violencia, cualquier modo de abuso.

-¿Cómo te llevas con el feminismo, la lucha por la legalización del aborto, estás de acuerdo?
-Me gusta hablar de evolución de la raza humana, pero me parece importante que se hable de los derechos de las mujeres, que se debatan estos temas porque durante muchísimo tiempo hubo mucha represión sobre nosotras y entiendo que ahora haya un grito. Idealmente ojalá sea parte de que caminemos hacia una igualdad para todos los seres que habitamos el planeta y también traiga otras tomas de consciencia, como dejar de lastimar la tierra, contaminar los mares. Es nuestra casa, así como el cuerpo es el templo que habitamos con el alma y lo cuidamos, lo mismo pasa con el mundo, hay que cuidarlo, es nuestro hogar.

-Personalmente, ¿estás a favor de la legalización del aborto?-Es un tema que me moviliza, siento que es delicado pero que no se puede penalizar a una mujer porque decida abortar. Se habla mucho de la muerte de los seres antes de nacer, pero hay mujeres que mueren por no tener la posibilidad de hacerlo legalmente. Estoy a favor de la despenalización porque estoy a favor de la vida. Es un momento muy interesante para pensarnos como mujeres y siento que estamos unidas. Ojalá haya acompañamiento, escucha, empatía, apertura.

-¿La política te interesa?
-No me fanatiza porque me parece que tiene que ser una herramienta para ayudar a la sociedad y cuando se ve la corrupción del ser humano, en la política y más allá, creo que hay sistemas que replantearse. Porque son maneras de organizarnos que nos formamos nosotros mismos. Y nos están perjudicando, tenemos que arreglarlo igual que los daños que le hicimos a la tierra que habitamos. Tenemos la responsabilidad de evolucionar y buscar armonía, habrá que hacernos cargo. Y cambiar desde cada uno, empezando por lo que como, lo que digo, lo que hago, no mirar siempre a los dirigentes, apuntar a nuestros actos, mirarnos profundamente y mejorar. Hasta que eso no pase…

-En medio de todos estos pensamientos tan pacíficos y luminosos ¿te seguís dedicando a tu belleza, a tu cuerpo tanto como antes?
-Por supuesto, y más te diría porque aprendí mucho. Cuido el lugar donde habita mi alma. Mi dieta vegetariana o vegana me cambió el cuerpo y me atrevo a decir que estoy mejor ahora que quizás a mis 20. Hago deporte, me hace bien, yoga, pilates, lo necesito, mental y físicamente. Voy al esteticista pero no lo reemplazo por actividad física, me muevo 5 veces a la semana, donde esté. Se puede trabajar lo superficial cuando sólo es estética sin ejercicio físico no me parece lo más sano. Hablo desde lo que a mí me resulta, siempre desde mi experiencia. Yo al no comer animales ni derivados prácticamente, hacer actividad física e hidratarme bien, hace años que no me enfermo, me siento más sana que nunca. Otra cosa que me fascinan son los jugos que mezclan vegetales con frutas. Por ahí desayuno brócoli, espinaca, almendras, pera y limón. El extractor es mi mejor amigo.

-¿Cómo vivís los logros que últimamente te dio la profesión?
-Entre la película, la serie y Resto del mundo no puedo estar más feliz. Finalmente encuentro un lugar donde volcar lo que aprendí en las dos escuelas de drama a las que fuí en Inglaterra, y que maneje italiano, inglés y castellano a la vez me abrió puertas también. Todo confluye y voy pudiendo capitalizar. Con Resto… siento que además puede darle mi propia impronta, más allá del público que ya tiene el programa que hizo famoso Iván (N. de la R.: Iván de Pineda condujo antes la emisión). Propuse que en los lugares que visitáramos, buscáramos además de las bellezas que nos inspiran a todos al viajar, gente que hiciera algo positivo por el mundo o por los otros y así encontramos por a un hombre que en Australia recicla basura electrónica junto a sus estudiantes y dona computadoras y teléfonos hechos con los descartes recolectados. También visitamos edificios sustentables. Mi idea es poder contagiar y armar así una espiral positiva. Busco estimular estas cosas desde mi lugar, dar un mensaje relevante, a veces en una televisión que veo demasiado vanal.

-¿Y la actuación viene a full también?
-En agosto se estrena la película The last man, en donde tengo un papel protagónico, con un tono bien apocalíptico y ritmo de thriller, junto a Hayden Christensen y Harvey Keitel, fue un desafío en el que me encontré a gusto hablando en inglés y con actores super consagrados. Entre los argentinos también actúa Fernán Mirás. La serie RRPP es un policial y del estilo Estocolmo.

-Imagino que no te queda tiempo para nada más…
-(Risas) ¡Claro que sí! Soy embajadora de Unicef, los niños son lo más importante porque son el futuro, y también me invitó Jane Godall a concientizar para que la gente no tenga animales silevestres de mascotas. Su documental es excelente. Hay que entender que todo lo que hacemos tiene efectos en la vida de otros seres.

-¿Y la maternidad te llama?
-Sí, ser madre es una experiencia que quiero vivir.

Edición Nro:

 

 

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