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30/06/2018

Sobre ruedas: fabrican zapatillas con neumáticos viejos

Por Florencia Rodríguez Petersen l Diseñadores argentinos convierten basura en accesorios. Recuperan neumáticos para hacer zapatillas, bolsos y joyas en emprendimientos con fuerte conciencia social.

Los neumáticos constituyen una de las mayores preocupaciones para los ambientalistas. Se estima que en Argentina se descartan anualmente más de 135 toneladas de este material cuya descomposición puede llevar más de cinco siglos. Al quedar al aire libre, estos desechos tienden a juntar agua y convertirse en foco de insectos y roedores propagadores de virus y bacterias.

En Argentina se descartan anualmente más de 135 toneladas de neumáticos.

A eso se suma que su quema es poco recomendada debido a la eliminación de gases tóxicos que contaminan aire, suelo y agua. Sin dudas, se trata de un gran problema. Y, como tantos otros obstáculos, es para algunos un desafío. “Vimos en la basura una oportunidad”, sentencia Alejandro Malgor de Xinca. Junto a dos amigos, Ezequiel Gotti y Nazareno El Hom, creó en 2013 la empresa mendocina que hoy produce 16 mil pares de zapatillas al año utilizando neumáticos en desuso y residuos textiles. “Queríamos crear un negocio que enriqueciera nuestras vidas y las de los demás”, recuerda quien hoy está al frente de la compañía que emplea a presos.

“Tenemos el propósito de disminuir el impacto ambiental de los descartes, especialmente de la industria de la moda que es una de las más contaminantes”, dice Santo Parsons de Leaf Social

“Creamos esta empresa para dar oportunidades a personas excluidas del sistema, que están descartadas pero que nosotros creemos que tienen gran potencial. Además de darles trabajo mientras están en la cárcel, que aprendan un oficio y la importancia de trabajar. Queremos que no vuelvan más a ese lugar, darles herramientas para que cuando salgan tomen mejores decisiones y puedan reinsertarse en el mercado laboral”, explica.

Si bien fueron los primeros, no son los únicos. Desde 2015, Santo Parsons y Cinthia Fehling dirigen Leaf Social. “Tenemos el propósito de disminuir el impacto ambiental de los descartes, especialmente de la industria de la moda que es una de las más contaminantes; potenciar proyectos de diferentes ONG y promover economías regionales a través de oportunidades laborales”, explica Parsons
y agrega: “Creemos que el de las zapatillas es un mercado con gran potencial. Sólo en Argentina se comercializan 55 millones de pares al año”. Actualmente la marca produce -en plantas de Santa Fe y Entre Ríos- unos 30 mil pares de zapatillas que se comercializan online. El upcycling es clave en el proceso productivo de la firma que además de caucho proveniente de neumáticos utiliza descartes textiles y lonas de banners y silo bolsas.

“Queremos inspirar a una nueva generación de emprendedores. Aspiramos a ser una marca internacional que genere impacto ambiental”, sentencia Alejandro Malgor de Xinca.

Creen que además de mejorar los procesos productivos, es clave reeducar al consumidor y generar conciencia sobre la contaminación ambiental. En este sentido, Malgor señala: “Queremos inspirar a una nueva generación de emprendedores. Aspiramos a ser una marca internacional que genere impacto ambiental”.

Firmas como Awka y Neumática también trabajan en el upcycling (proceso de recuperación y puesta en valor) de gomas viejas. La primera se especializa en la confección de morrales y carteras, mientras que la segunda los utiliza como materia prima para regalos empresariales: desde block de hojas hasta llaveros. Durable y maleable, el caucho es también un insumo predilecto en la joyería sustentable. Diferentes artistas recorren bicicleterías en busca de cámaras viejas que luego convierten en aros, collares y broches, cada uno con su propia impronta.

 

 

Aunque cada una con su estilo, todas estas compañías comparten la preocupación por el medio ambiente y un espíritu inquieto que los lleva a probar nuevas fórmulas. Joyas de alta durabilidad, bolsos de inigualable resistencia y zapatillas urbanas de estilo unisex tienen el valor agregado de ser el resultado de un proceso productivo que causa menor impacto negativo en el ambiente. “Convertimos algo negativo en positivo”, afirma el director de Xinca con la mirada puesta en el futuro y convencido de que lo que hace está dejando huella.

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