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19/08/2019

” En la pareja, la clave es ser compañeros”

Por Silvia Pardo | El actor se luce con su voz, su guitarra y su actuación en Una vez en la vida, la versión musical de Once, película que sorprendió en 2007 por su éxito, que luego se hizo en Broadway y en Londres y que hoy brilla en Buenos Aires.

El actor interpreta a un músico callejero irlandés de folk, a punto de abandonar la guitarra y los sueños, que se enamora de una inmigrante checa, pianista sin piano que, a pesar de todos los obstáculos que se le presentan, no abandona sus ilusiones ni permite a los demás que lo hagan. Así es la historia de amor que protagoniza Eliseo Barrionuevo (33) junto con Paula Reca y doce artistas en escena en el musical Una vez en la vida (ver recuadro), con toda la alegría del baile y la música folk. Eliseo estudió actuación, canto, danza y ha realizado grandes musicales como RENT, Judy y Tango feroz, entre otros. En televisión participó en Viudas e Hijos del Rock & Roll y Esperanza mía. Luego de siete años de relación y uno de casados, en 2017 se separó de Flor Viterbo, exbailarina del Bailando, donde fue compañera de Pedro Alfonso.
En esta entrevista, este galán lleno de rulos y sensibilidad nos cuenta
cuánto trabajo y pasión pone en cada función, la premonición que tuvo sobre esta obra, sus aprendizajes sobre el amor y los renovados deseos de volver a enamorarse.
-¿Qué es lo qué más disfrutás de Una vez en la vida?
-Ensamblar diferentes áreas artísticas, la conjunción de músico y actor. La obra es preciosa, pero lo que amo es calzarme la guitarra y ponerme en modo músico.
-Y es un gran desafío…
-Sí, yo sabía que tenía que ponerme las pilas. En los meses de ensayo estuve tocando la guitarra cuatro horas por día, para aprender los temas, incorporarlos y poder transmitir sin estar pendiente del instrumento. La obra tiene muchos momentos que disfruto. Uno de
ellos es cuando te das cuenta de que la historia no va a ir hacia el lugar que queremos, y empezás a decir “ay no…, ay no…”. Hay algo de esa zona de sufrimiento del personaje que disfruto bastante (risas). Tal vez porque la estoy actuando y no es parte de mi vida hoy…
-¿Es una historia de amor diferente?
-Sí, yo creo que a veces no tomamos conciencia de esto. Se ha construido una idea del amor que tiene una fórmula. Aunque la pareja pase por varios conflictos siempre termina con un final feliz, los enamorados juntos. Esta obra invita a correrte, a ver las cosas desde otra perspectiva y aun así entender que es una historia de amor. En ese sentido es una obra futurista porque la película Once, de donde nació este musical, es del 2007 y ya adelantaba algo de lo que sucede hoy con las relaciones. En la obra la decisión es de cada uno. Si la vida los tiene que juntar, lo va a hacer. Confiemos en que el universo funciona así.
-¿Es un amor sin etiquetas podríamos decir?
-Claro, no hay que ponerse radical en ubicarlo en cajones. Hoy las relaciones no tienen etiquetas y muchas cosas se están empezando a ablandar. Incluso, uno, siendo abierto, a veces tiene la necesidad de etiquetar, porque precisás entender dónde estás parado. En el fondo, cuando uno se afloja aparecen cosas mejores.
-¿Es verdad que tuviste una premonición de que ibas a hacer esta obra con Paula Reca?
-Sí, es verdad. Vi la obra en Londres, en 2014 y sentí que quería hacerla. Un año después estaba meditando y tuve una imagen en la que vi a Paula y a mí haciendo la obra. Lo loco fue que apenas la conocía. Le escribí enseguida contándole y le dije que había sentido como si estuviera viendo por el ojo de una cerradura un pedacito
del futuro, textuales palabras. Ella me contestó: “¡guau, qué flash, a mí me encanta la obra, ojalá!”, y quedó ahí. Luego me enteré de la obra por un amigo dos días antes de las audiciones. Audicioné y el último encuentro fue ¡con Paula! ¡Medio brujo todo! (risas).
-¿Ya te acostumbraste a estar soltero nuevamente?

“Hoy las relaciones no tienen etiquetas, no es todo tan rígido, muchas cosas se están empezando a ablandar. En el fondo, cuando uno se afloja aparecen cosas mejores”

-Sí. Uno se acostumbra a todo. En ese sentido con Flor terminamos muy bien y nos queremos mucho. Hay algo de lo que hablamos sobre la obra que está vinculado con esto. Es importante entender que la manera de amarse es múltiple, yo siento que hay una parte de mi amor que va a estar siempre. Flor es una persona que amo. Le deseo lo mejor y sé que me desea lo mejor. Eso para mí es más que suficiente. Después, son los caminos de la vida. Uno va eligiendo y experimentando cosas. Vivimos en constante movimiento.
-¿Te gustaría volver a enamorarte?
-¡Sí, claro! Nunca se me fue la idea de enamorarme. Uno se puede enamorar infinidad de veces en la vida.
-¿Qué te enamora de una mujer?
-Lo primero es el compañerismo. Era algo hermoso que teníamos con Flor. Para mí, ser compañeros es clave. Significa pasarla bien, divertirse, estar en compañía. Por momentos disfrutás del mimo y del calor de su cuerpo y, por otros, de la amistad que armás. Yo
creo que uno debería construir una amistad con su pareja. Hay que desear que el otro crezca, apoyarlo, tener interés, sin competir. Para mí es fundamental el diálogo y la idea de crecer juntos.
-¿Vivís solo?
-Sí, en Acassuso, en un lugar donde hay una idea de comunidad, en la que nos ayudamos entre los vecinos, como era antes en los barrios. Yo me crié en San Isidro, cerca del río, donde había pocas casas y existía esa idea de comunidad. La vida de pueblo, con gente mateando en la vereda, donde todos se saludan me encanta. Mi
barrio tiene una huerta y al que le interesa, participa de ella y luego puede servirse.
-Además de meditación practicás algún deporte?
-Medito, hago yoga y me encanta el deporte y el fútbol. Juego con amigos, pero en este momento tomé la decisión de no jugar porque no me puedo exponer a lesionarme y me cuesta… Cada vez que veo que en el grupo dicen “che, jugamos mañana” ¡no sabés cómo
sufro!

 

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